jueves, 18 de septiembre de 2008

PROCESO DE UN DUELO-REPENTINAMENTE SOLOS

1 - REPENTINAMENTE SOLOS


OBJETIVO :

- Ayudar a las personas que sufrimos la pérdida o ausencia física o afectiva de un ser amado para superar ese duelo de forma amorosa para uno mismo
- Entender lo que sucede durante el proceso del duelo para vivirlo, superarlo y retomar nuestro camino hacia una vida feliz


¿PERDISTE A UN SER AMADO Y TU MUNDO SE DESMORONO?

Todas las personas en algún momento de nuestra vida hemos sufrido la pérdida o ausencia de un ser amado, madre, padre, hermanos, esposo, esposa, hijo, hija, amante, un gran amigo, etc. Que por una u otra razón acaban por irse de nuestras vidas y así a lo largo de nuestra vida sufrimos más de una pérdida, y nadie, nunca, estaremos lo suficientemente preparados para enfrentarlas.

Aunque en muchas ocasiones vemos venir la pérdida durante mucho tiempo, ya sea por una enfermedad o por una situación de convivencia difícil, no estamos lo suficientemente preparados para cuando sucede, a veces imaginamos que es posible prepararnos, sin embargo, nunca estaremos listos antes de que llegue el momento.

Cuando sufrimos una pérdida vivimos un duelo, y entender lo que sucede durante ese proceso de duelo que puede ser por una separación involuntaria por la muerte repentina o por enfermedad de un ser querido, por un divorcio, o incluso por la mudanza a otra ciudad de un amigo cercano, no es fácil, pero es importante saber que en esos momentos en que estamos repentinamente transidos por el dolor de la pérdida de un ser querido, no estamos solos.

Que difícil es creer en Dios en la adversidad, sin embargo, cuando el dolor humano es confrontado con el dolor de Cristo es cuando se le encuentra su dimensión y su sentido, debemos saber encontrar a Dios en todas las circunstancias de nuestra vida, aún en las más difíciles y dolorosas, en las que pensamos que el dolor es la ausencia de Dios y sin embargo nunca como en el dolor, está presente Dios en nuestra vida.

NUNCA ESTAMOS PREPARADOS

Como decíamos, a veces pensamos que es posible prepararnos para cuando suframos una pérdida, pero nunca estaremos listos cuando llegue el momento.

Vivimos rodeados de esquemas que muchas veces nos confunden, las películas terminan cuando el ser amado se encuentra, llámese esposo, hijos, amigos, pero así no sucede en la vida real, en la vida real, el encuentro es un principio no el final, el amor es el inicio, es cuando la historia empieza, es el principio de un viaje juntos, es cuando comienza la verdadera aventura de la vida y en la vida real, el dolor surge cuando se pierde al ser amado. Nada que hayamos leído, escuchado, hecho, o aprendido, nos prepara para este final, ninguna película que hayamos visto nos alista para vivir el duelo ante la pérdida del ser amado …. nada.

En esos momentos es cuando debemos volver nuestros ojos a Dios aunque a veces pensemos que ese dolor es sinónimo de su ausencia, como dijimos anteriormente nunca como en el dolor está presente Dios, sólo que ante la nube del dolor que oscurece nuestra razón debemos saber reconocer su presencia, Dios, no va a bajar a decirnos lo que debemos hacer, o que camino tomar, su presencia la vamos a ver a través de la ayuda que nos envía por medio de diferentes experiencias, personas, buenas amistades, lecturas, grupos de apoyo que nos llegan en el momento indicado y que nos ayudarán a atravesar esa senda de dolor que estamos pasando, a veces sentimos que esa ayuda tarda en llegar, pero Dios conoce el momento preciso para cada uno de nosotros, es necesario que antes experimentemos nuestro dolor, habrá que sentirlo, que vivirlo, que transitar a través de él, la pérdida tiene que dolernos y esto debemos experimentarlo a solas con nosotros mismos.

A veces sentiremos que el dolor se va sólo para volver, al principio regresará con frecuencia para luego desaparecer de nuevo por más tiempo, se irá alejando, pero retornará cuando menos lo esperemos, todo esto es un proceso que debemos vivir, estos vaivenes irán moldeando nuestra vida, la pérdida siempre estará allí porque es parte de nuestra realidad, pero poco a poco iremos aprendiendo a aceptarla.

Todo lo que comienza tiene que acabar, la vida se compone de finales y principios y tras un final siempre viene un principio, así como las luz del amanecer señala el final de la noche, también señala el comienzo de un nuevo día, el invierno termina cuando la primavera comienza, ésta cede su lugar al verano y este a su vez al otoño, y así los finales se convierten en principios, pues todo final entraña un comienzo así como todo logro entraña una pérdida y toda pérdida entraña un logro, ese es el maravilloso cielo de la vida, pues mientras la vida nos cierra una puerta, Dios nos abre una ventana, mientras la vida nos quita, Dios siempre nos compensa.


TODA PERDIDA NOS FORTALECE

Así como el oro se purifica en el crisol del fuego, el ser humano se purifica con el dolor, pensamos q ue vivir es estar siempre bien, por eso el dolor nos sorprende, nos apabulla, nos desespera, porque no sabemos que el dolor es un camino de salvación, vivir es estar por momentos sanos y por momentos enfermos, es estar a veces alegres y otras tristes, tranquilos e intranquilos, etc., en la vida vamos a encontrar experiencias de dolor, de rebeldía, de coraje, nos cuesta entender porque vivimos eso, y es ahí donde debemos aprender a creer y esperar en Dios desde la adversidad, y que esas adversidades no nos quiten la paz, no nos quiten la fe, sino al contrario que esa fe sea la que nos haga creer a pesar de todo lo que estemos viviendo, el dolor nos fortalece.

Tal vez no lo creemos así en esos momentos pues pensamos que parece imposible que algún día lleguemos a sentirnos fuertes nuevamente, nos sentimos en esos momentos debilitados porque nosotros no escogimos ese camino ni lo hubiéramos elegido jamás, otros lo hicieron por nosotros y por eso nos rebelamos, pero si somos capaces de tomarnos de la mano de Dios y vivir nuestro duelo paso a paso para aprender a aceptar nuestras pérdidas, iremos adquiriendo una fuerza nueva, una fortaleza que no sabíamos que existía dentro de nosotros que nos acompañará de ahí en adelante, sufriremos otras pérdidas seguramente, pero las sabremos enfrentar más fuertes y seguros de si mismos, quedaremos listos para avanzar hacia el valioso resto de nuestra existencia.


LECTURAS BIBLICAS


Mt 5, 4 – Las bienaventuranzas – Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.

Eclo. o Sir. 2, 1-18 – Temer a Dios en las pruebas

No hay comentarios.: