jueves, 3 de marzo de 2011

8 – DESPEJAR EL DUELO

OBJETIVO:

Después del proceso de duelo que has vivido, buscar que puedes hacer para empezar a soltar aquello que te daña

Concentrarte en organizar tu vida buscando reencontrarte contigo mismo.

Hemos tratado de analizar todo ese proceso de duelo que hemos o estamos viviendo para ayudarnos a entender lo que nos sucede a través de él, durante este análisis hemos visto la importancia de vivir ese duelo, para poder resolverlo y así retomar el camino hacia una vida feliz y plena.

Es el momento de empezar a tomar decisiones importantes para ayudarnos a despejar de una vez por todas ese duelo, ha llegado el momento de finalizar con esta etapa de dolor, seguramente en nuestra vida tendremos otras pérdidas, y también tendremos que superarlas, pero ésta que ahora nos ha quitado la paz y nos ha hecho vivir momentos tan difíciles deberá quedar como una experiencia de vida para ayudarnos a superar todo aquello que se nos presente.

Concéntrate en organizar tu vida, es hora de elaborar muchas listas mentales o escritas de todo aquello que te ayude a lograr salir adelante, piensa en: ¿qué puedes hacer ahora, qué puedes dejar para después, personas con quien quieres hablar, espectáculos que quieres disfrutar, los proyectos que has estado posponiendo, etc.?, has cosas que te ayuden a gustarte de nuevo, que te confirmen cuan amable y digno (a) eres de ser amado (a), es el momento de recuperar la disciplina en algunos de tus hábitos, de salir de casa y pasar tiempo con tus amistades, busca diferentes formas de aprender a relajar tu mente, tu cuerpo, tu espíritu, aprende a soltar la tensión.

Lograr esto no es fácil, si es necesario pide ayuda, no sientas miedo ni vergüenza de pedir ayuda, dile en quien confíes que necesitas hablar, un buen amigo siempre entenderá y agradecerá que lo llames, pero no vuelvas a cerrarte, asegúrate de hablar abiertamente y si es posible trata de hacerlo cuando estés tranquilo no cuando estés desesperado.


ACEPTATE Y APRENDE A ESTAR SOLO

Es importante tratar de adaptarnos a estar solos, la soledad no necesita cura alguna, requiere aceptación, lo que no debemos permitir es revolcarnos en nuestra soledad, la mejor manera de conducirnos solos es aprender a estar cómodos con nosotros mismos, con un poco de esfuerzo y buena disposición, probablemente encontremos que somos buena compañía, de hecho somos nuestro mejor compañero (a).

Estar solos no es necesariamente sentir la soledad, en la medida que seamos capaces de establecer una relación amorosa con nosotros mismos, nunca nos sentiremos solos.

Ha llegado el momento de que las cosas comiencen a estar en su lugar nuevamente, quizá descubras que estás impaciente por continuar con tu vida, tal vez te sorprenda sentir el deseo de iniciar nuevos proyectos, aunque esto es buena señal, probablemente todavía no estés listo para tomar esas decisiones importantes que te has propuesto, no es momento de cambiar de casa, de vender nada, ni de mudarte a vivir con parientes, piensa que estás en un proceso y tal vez aún te falta un poco de trabajo en el mismo.

No olvides que es normal que el duelo suele aparecer en ciertos días, en ciertas fechas, los aniversarios y días festivos para quienes estamos solos transcurren de una manera especialmente difícil, parece como si esos días los padeciéramos más que vivirlos, por eso debemos planear con anticipación esos días difíciles, procurar pasarlos con la familia o amistades, pues todavía te van a doler, aunque cada vez menos, esos días de recuerdos no intentes proteger a otros de tu tristeza, pero tampoco trates de sobrellevarla solo.


NO ESCONDAS TU TRISTEZA

No hay por qué avergonzarnos de sentir todavía dolor, no debemos esconderlo, si tienes hijos, no temas que te vean sufrir, permíteles enterarse de tu dolor, seguramente ellos también lo sienten y al verte expresarlo sanamente, ellos también lo podrán hacer, si necesitas llorar simplemente hazlo y deja que te consuelen, no esgrimas razones ni juicios contra el ser amado que se ha ido, piensa que ellos también lo aman y si es su padre, seguirán amándolo toda la vida, date permiso de perdonar a dos personas, al ser amado que se ha ido y a ti mismo.

Todo esfuerzo por olvidar, será en vano, no vale la pena que te esfuerces, los recuerdos están ahí y estarán por mucho tiempo, tal vez toda tu vida porque forman parte de ella, si dejas que se presenten, se esfumará el dolor y sólo quedará el recuerdo de lo grato, no trates de apresurar el proceso, el dolor no acepta ningún acelerador.

Durante este tiempo de duelo también suelen aparecer pensamientos negativos que te llevan a pensar en hacerte un daño personal, pueden presentarse ideas, sensaciones, deseos, si esto sucede debes considerar que estás en un momento de crisis personal, que en este momento tu raciocinio no es cabal, por lo tanto, si sientes que es necesario que tienes que decirle algo al otro, hazlo, si es posible, sólo así estarás allí para oír su respuesta, si es necesario busca un terapeuta que te ayude, si no puedes hacerlo, busca alguna amistad en quien confíes y sientas que te puede aconsejar, o bien un sacerdote, o alguna persona con más años de experiencia y que esté dispuesta a escucharte, habla de lo que sientes, dilo todo, nadie censurará ni se escandalizará ante tus pensamientos y Dios menos que nadie, si buscas este apoyo, lo más seguro es que las ideas autodestructivas desaparezcan después de hablarlas, de transmitirlas a quienes te escuchen con comprensión, recuerda que no estas solo, siempre hay alguien dispuesto a darte la mano y apoyarte


CULTIVA AMISTADES QUE TE APOYEN

Tu yo interno aún está frágil, cualquiera puede lastimarte con facilidad, ciertas “amistades” insensibles o crueles pueden dañarte, aléjate de ellas, suéltalas, déjalas ir, los verdaderos amigos te apoyan y te comprenden, y esto facilita nuestro proceso de duelo, no debes aceptar a tu alrededor a quienes disminuyan tu autoestima, no vale la pena escuchar a los “informantes bien intencionados” que insisten en contarte sobre el ser amado, ni a quienes se pasan señalándote tus errores “por tu propio bien”.

Si te interesa la amistad de esas personas puedes hablar sinceramente con ellas y decirles el daño que te están causando, si valen la pena, cambiarán su forma de ser, cuando te des cuenta que alguien está impidiendo tu recuperación, lo mejor es que te alejes de esas personas en este momento.

También este es un buen momento para fortalecer tus vínculos espirituales, todo apoyo espiritual aligerará la carga y nos ayudará a tener paz interior, si es necesario busca una guía espiritual, el apoyo que se recibe en esos momentos suele ser una bendición, aunque algunas veces nuestros guías espirituales pueden presentarnos perspectivas rígidas de la moral que dependiendo del momento de proceso que llevemos podemos estar susceptibles o no a que se despierten sentimientos de culpa, no debes aceptar cargar con ninguna culpa que no te corresponda, en este momento no necesitas ningún sentimiento de culpabilidad, ni remordimientos, una espiritualidad auténtica te acogerá como un pajarillo herido, que requiere cuidado, consuelo y atención, y no como al que le deben cortar las alas para que no se lastime al volar.


QUE CESE YA TU CASTIGO

Debes tener cuidado que alguien con quien debes seguir viviendo puede convertirse en otra fuente de daño …. tú mismo, analízate y pregúntate a ti mismo:


¿He construido barreras en mi camino de regreso?

¿Me estoy castigando por culpas ajenas?

¿Insisto en encontrarme defectos?

¿Pienso continuamente que estoy viviendo lo que merecía?

¿Continúo cargando con la responsabilidad de la pérdida?



Deja ya de castigarte, aprende mejor a premiarte, analiza y escribe las formas como te dañas, las maneras como saboteas tu recuperación, después tacha lentamente cada una y prométete que no lo harás más, dilo en voz alta, si es necesario pégalos en un lugar visible para que lo repitas constantemente, escribe también que eres digno de ser amado, digno de confianza, tienes demasiado quehacer como para además pelearte contigo mismo.


ES TIEMPO DE MUDANZA

Es hora de deshacerse de cosas viejas, empieza nuestra renovación, para esto debemos subir a nuestro desván mental y buscar los artículos inservibles, viejos, que guardamos sin sentido: ideas, recuerdos, añoranzas, remordimientos, etc.; encuentra las viejas heridas, las lastimaduras, las culpas, los temores, examínalas con cuidado y deséchalas pronto pues ya están cicatrizando, las heridas antiguas quedarán registradas en el pasado, ya no sirven, pertenecen a otro tiempo que ya pasó, esto te ayudará a viajar más ligero por el camino de regreso sin ese equipaje obsoleto, ya no debes desear cargar con nada viejo e innecesario.

Ahora es el momento de decidir los cambios menores, tus actitudes, hábitos, comportamientos, etc. Piensa en que cambios positivos te gustaría emprender, después de empezar esos cambios examina los resultados para ver si sientes que vas en la dirección correcta, si te sientes más feliz, en paz contigo mismo, si es así, intenta llevarlos más lejos y experimenta ahora si con cambios más significativos y después también revisa los resultados y así poco a poco sentirás que te vas haciendo más fuerte y con más confianza en ti mismo


COMIENZA A SOLTAR

Ahora nos acercamos a la tarea más difícil de todas, soltar el amor que perdimos, dejar ir definitivamente al ser amado que ya no está, hay muchas maneras de realizar esto, pero una de las formas más efectivas es la llamada GESTALT, que consiste en realizar una serie de acciones simbólicas hechas de corazón, esto requiere de un poco de esfuerzo y algo de valor, pero si lo haces con honestidad, funciona, y así estaremos mejor dispuestos, este ejercicio es recomendable hacerlo cuando estemos solos y tengamos la mente despejada, realiza este ejercicio, es fuerte, pero decídete y hazlo con la convicción de que te ayudará a soltar aquello que durante tanto tiempo te ha dañado:


Coloca dos sillas rectas una frente a la otra

Imagina que tu pareja está sentada en una de las sillas

Ahora, tú siéntate en la otra, es hora de hablar y despedirte


HABLA POR TI MISMO

Ahora habla de lo que piensas, dile a tu ser querido como te sientes verdaderamente, se honesto, muestra tus sentimientos auténticos y di todo lo que está en tu mente, en tu cuerpo y en tu espíritu y que tal vez has guardado por años, habla del trauma, de la culpa, de la soledad, del abuso, de la traición, de la injusticia de tener que enfrentarlo todo solo, habla de tu ira, tu frustración, tu dolor, menciona todo, incluso lo que siempre callaste, lo que negaste, lo que siempre esquivaste y no quisiste enfrentar, habla de tu amor, de tus ilusiones, de los planes que tenías, llora, ríe, recuerda, agradece, habla también de tu crecimiento de ahora, tu fortaleza.

Cuando hayas dicho todo lo que tenías que decir, levántate y siéntate en la otra silla, piensa ¿cómo contestaría tu ser amado a todo lo que le has dicho?, ahora habla como si fueras ese ser amado que se ha ido, como crees que él o ella te hablarían, habría cosas que criticar de ti, algo de rabia, de enojo, de tristeza, de amor, habrá también bondad y cariño, sacrificio y apoyo, miedo y placer, amor y desamor.

Di todo lo que piensas que diría, pregúntalo todo, incluso lo difícil, lo amargo, no omitas nada aunque duela, pero también sé justo, arguméntalo todo, explica, enjuicia, compara, evalúa, no omitas nada, cuando estés seguro que la conversación ha terminado, levántate y vuelve a ocupar tu asiento


DESPIDETE

Ahora piensa cuidadosamente en lo que dijo el ser amado y responde a todas las preguntas y comentarios, acepta tu parte de responsabilidad, asume tus errores como parte del proceso que encierra el duelo, menciona aquello que hayas olvidado decir la primera vez, expresa todo lo que sientes en tu mente, en tu corazón, en tu espíritu, luego despídete y dile ADIOS, si logras hacer esto, habrás dado un gran paso en tu recuperación.


MEDITA EL ADIOS

Piensa en esta conversación tan especial que acabas de tener con ese ser amado que se ha ido, ¿qué aprendiste?, seguramente encontrarás algunas sorpresas, alguna sabiduría, algún aprendizaje que antes te evadía, o tú evadías, sentirás que habrá agradecimientos y perdones, medita en esto que acabas de realizar, al fin habrás logrado despedirte de tu pareja, habrás soltado la brasa, habrás dicho adiós, comienza el desapego, despídete todas las veces que sea necesario, cada día, cada semana, cada mes.

Ahora empezarás a notar algo diferente dentro de ti mismo, sentirás que estás creciendo, que tu perspectiva ha cambiado, ahora si es buen momento para iniciar nuevos proyectos e incluso hacer nuevas amistades, conserva por supuesto los amigos verdaderos, estos sucesos que has vivido te servirán también para conocer quienes eran tus verdaderas amistades.

Estas nuevas amistades seguro compartirán tus nuevos intereses, se ampliará tu mundo, se ampliarán tus horizontes, deja que todo se desarrolle naturalmente, decídete ya a despejar tu duelo.


REFLEXIONES:

¿Has empezado a organizar tu vida con nuevos proyectos?
¿Has buscado alguna ayuda terapéutica o de dirección espiritual?
¿En este caso, has sido abierto y honesto para que esta ayuda pueda ser efectiva?
¿Has pensado alguna vez en lastimarte físicamente, como lo has frenado?


CITAS BIBLICAS:

SALMO 27 – JUNTO A DIOS NO HAY TEMOR
ECLO. 6, 6-17 – LA AMISTAD
2 COR. 4, 13-18 – ESPERAMOS EN DIOS

7 - LA ETAPA DE DEPRESION Y AISLAMIENTO

OBJETIVO:

Entender que en este proceso de duelo que vivimos la depresión es parte del mismo, para saberla enfrentar, no dejarla crecer.

Hacer conciente que estas etapas pueden tener un sentido positivo y convertirse en una señal de esperanza, en el comienzo del final del dolor.

En los temas anteriores hemos visto como es el proceso que se vive durante el duelo ante una pérdida, las distintas etapas que lo conforman y como en el momento que las vamos ubicando podemos enfrentarlas para ayudarnos a salir adelante y lograr nuestra recuperación.

Definitivamente este no es un camino fácil y muchas veces los principales obstáculos están en nosotros mismos, pero al reconocer las barreras emocionales que ponemos, que el enojo es parte de nuestra recuperación, el no llevar más culpas que no nos corresponden, nos llevan a vivir un estado de emoción agotadora, toda esta gama de sentimientos, de altas y bajas hacen que nos sintamos agotados porque nuestro nivel de energía está muy bajo, por eso no es extraño que halla una etapa dentro de ese camino de recuperación en que tendemos a la introversión y en consecuencia a aislarnos.

Regresan esos cambios imprevistos de humor, nos sentimos solos, vacíos, abandonados y estos sentimientos nos llevan a la autocompasión, por eso es importante permanecer alertas, porque si nos aferramos a esta sensación de víctimas, nos bloqueamos y esa parálisis puede seguir en nuestra vida, en este proceso que hemos llevado hasta ahora debemos concientizar estos cambios y verlos como parte de nuestro proceso de recuperación, debemos permitir que ese sentido de victimización entre y salga de nuestras mentes y nuestra vida, que es algo que debemos pasar así como atravesamos el dolor.

En esos momentos nos sentimos desorientados, lejos de la armonía, esos sentimientos nos envuelven y luego desparecen sólo para regresar de nuevo poco después, en esos momentos nuestros sentimientos son intensos e irracionales y el fundamento de nuestra desorientación yace en la noción de habernos quedado incompletos, es decir, en el fondo de nuestro pensamiento está la idea de que algo o alguien nos falta, éramos parte de ese algo que nos trascendía, aquella unión era nuestra definición, nuestra identidad y ahora ha desparecido y hemos quedado indefinidos, nos falta una parte de nosotros mismos y por eso sentimos temor, no importa cuan irracionales sean esos temores para nosotros son muy reales y esto nos provoca otra ronda de dudas

En esta etapa en que tendemos a aislarnos, evitamos nuestras amistades, no queremos ver a nadie que nos ame porque nos recuerden ese afecto perdido, tenemos una visión negativa de nosotros mismos y por eso comenzamos a retirarnos de los contactos sociales, solemos pensar que nuestros amigos se incomodan con nuestra presencia y suponemos cosas que no son, más bien nuestras amistades se pueden sentir confundidos porque por un lado los hacemos participes de lo que sentimos ante nuestra pérdida y luego ante la menor amenaza de que toquen el tema, una fibra sensible, los callamos o los excluimos y entonces evitan hablar de nuestra pérdida no por falta de interés o por incomodidad, sino para no lastimarnos y a veces ya no nosotros sabemos que nos lastima y que no.





TEMEMOS EL RECHAZO

Al rehuir de nuestras amistades estamos actuando con fundamento en el dolor emocional, el temor a ser rechazados de nuevo, a veces necesitamos estar solo, aunque la soledad también puede doler, cuando nos quedamos solos permanecemos ala expectativa de oír sonidos familiares, de recibir visitas, o que alguien nos llame por teléfono, y es ahí donde el silencio de la soledad puede derrotarnos.

Durante la etapa de aislamiento es normal sentirse cansado, con los músculos tensos, nos duele el cuerpo, nos cuesta trabajo concentrarnos, tal vez hasta pérdida de apetito , esto ocasiona que permanezcamos cansados la mayor parte del tiempo y con frecuencia cuesta trabajo dormir, pasamos muchas horas cavilando, dudando, cuestionando, tendemos a exagerar nuestros recuerdos, a veces nos resguardamos en las fantasías porque pensamos que aquellos tiempos que pensamos que eran mejores van a regresar algún día, nuestra visión se ha estrechado y ahora vemos a través de l dolor como a través de un túnel, nuestra resistencia emocional está baja y por eso nuestro cuerpo se ha vuelto particularmente vulnerable, por eso es que en estas etapas incluso podemos contagiarnos fácilmente de cualquier virus, en esta etapa tenemos momentos de claridad en que nos damos cuenta de que nos engañamos y percibimos ese muerdo ficticio que nos hemos inventado, nuestra existencia es un vaivén de emociones y así hoy nos sentimos víctimas y mañana seres muy especiales, estamos simplemente tristes y esto forma parte necesariamente de nuestro proceso de duelo, la negación de nuestra realidad le pesa a nuestro cuerpo y esto provoca en nosotros tensiones, dolor de cabeza, insomnio, etc.

En este proceso de negación tendemos a ponernos máscaras para ocultar nuestro dolor a otros e incluso a nosotros mismos, pero llevar una máscara agota nuestra energía y no contribuye a nada positivo.

La energía para vivir proviene de nuestro interior y no de cubrirnos el exterior con un antifaz.





LA DEPRESION NOS CONSUME





Durante el período de aislamiento posiblemente caigamos en un estado de depresión, este es un tiempo difícil, la depresión asusta, porque a veces suele ser como un vacío negro y sin fondo, entre los síntomas d la depresión se cuentan: el insomnio, los cambios de apetito, la debilidad, la somnolencia diurna, abundante sudor, dolor de cabeza, angustia.

La depresión proviene de la cólera revertida, es el enojo vuelto hacia adentro, es aquello que debió manifestarse hacuia afuera, pero que se quedó atorado, y esto interrumpe el proceso de duelo, desequilibra nuestro centro estabilizador, dado que es una condición médica, si se prolonga debe ser atendida profesionalmente.

La depresión bloquea los canales `por los que fluye el duelo y frustra el proceso de aliviar el enojo que sentimos, sin embargo, acompaña al duelo, aparece y desaparece, entra y sale a lo largo de todo el proceso, conviene saber que es temporal y que algún día acabará, con frecuencia la oleada depresiva nos embarga cuando por fin comprendemos cabalmente lo que hemos perdido, es intensa, aterradora y dolorosa, pero posiblemente no dure mucho, la depresión suele originarse en el temor al futuro, temor de que algo malo nos pueda pasársete temor generalmente es infundado e irracional.



SEÑALES DE PELIGRO

La depresión puede ser signo de comportamientos destructivos, puede durar demasiado, cuando aparece durante nuestra etapa de asilamiento nos puede provocar ideas de hacernos un daño personal, y será entonces el momento de pedir ayuda.

Extrañamente, la depresión también puede ser una buena señal, una señal de esperanza, acaso la depresión sea la forma más aguda del enojo, el extremo de la ira, algo así como el color blanco de la brasa que antes era roja, el último fuego, lo que arde al final, cuando la depresión ocurre después del aislamiento, posiblemente signifique que la ira está en su último ardor, el comienzo del final del dolor.


CITAS BIBLICAS:

SALMO 6 – ORACION DEL AFLIGIDO
SALMO 23 – EL SEÑOR ES MI PASTOR
ECLO. 27, 30 ; 28, 1-7 – NO GUARDES RENCOR
MATEO 6, 25-34 – PONER SU CONFIANZA EN DIOS


REFLEXIONES :

¿Sientes que en tu proceso de duelo has llegado a la etapa en que buscas aislarte?

¿Cómo sientes que puedes superar esta etapa?

¿Cómo crees que se puede ayudar a alguien que esté pasando por esta etapa?

6 - LIBERARSE DE LA CULPA

OBJETIVO :

Para poder liberarnos del sentimiento de culpa, de ira, debemos analizar que es lo que la conforma para identificar lo que es nuestro y desechar lo que no nos corresponde

Aprender a aplicar en mi vida diversas actividades o ejercicios que me ayuden a liberarme del enojo y sentimiento de culpa para lograr mi recuperación interior.



Tal vez parecemos repetitivos, pero es muy importante estar concientes de que para poder lograr una plena recuperación es necesario dejar salir la furia, la ira, el enojo, no debemos negar ni reprimir la furia que sentimos, ahí es donde está nuestro dolor por eso al salir el enojo, saldrá la pena que nos causa ese dolor, por lo tanto, soltar el enojo, manifestar la ira, es fundamental para nuestro proceso de recuperación, una vez que hemos hecho conciente esto, hay muchas formas de expresar el enojo y con ello liberar la ira, el sentimiento de culpa, el resentimiento.

Una forma de sacar la furia, nuestro enojo, puede ser mediante actitudes externas como: arremeter contra un sillón, golpear la almohada con los puños, brincar, gritar, tirar patadas al aire como si patearas aquello que te tiene tan enojado, y externar con palabras que estas furioso, que eso te tiene muy enojado, en fin todo lo que en ese momento te salga, puedes hacer lo que se te ocurra para descargar tu ira, recurre a cualquier acción que transfiera esa energía interior hacia lo externo, haz lo que te parezca más adecuado para ti, lo que quieras, siempre y cuando no te hagas daño ni dañes a otras personas, esa es la diferencia entre actuar con un objetivo que es sanar tu interior o sólo dejarte llevar por la furia sin medir las consecuencias.

Debemos aprender a aprovechar la energía que nos proporciona la furia y el enojo para transformarlos en algo positivo, como pintar un cuadro, limpiar el jardín, ayudar a alguien con sus quehaceres, tapizar las paredes, hacer limpieza de fin de año en junio, barnizar un mueble, ponernos un programa de ejercicios, etc., debemos darnos un tiempo para pensar como y donde podemos usar la energía desatada por nuestra ira y eso será sacar un provecho positivo de algo negativo, tal vez terminemos agotados, pero será un agotamiento positivo, que además de ayudarte a liberar un poco de la carga emocional que tienes, te dejará el provecho de una casa más ordenada, un cuerpo más sano, y hasta un talento descubierto que no te habías dado cuenta que lo tenías.

Uno de los consejos que se nos han dado es escribir sobre nuestras emociones, llevar un diario donde anotemos todo respecto al enojo y la culpa que sentimos sin importar a quien crees que le pertenecen, debemos trasladar al papel todo lo que sentimos, al hacerlo estamos manifestando, exteriorizando nuestros sentimientos y al hacerlo estamos sacando nuestro enojo, si no te agrada la idea de escribir, puedes hacer una grabación, nada más empieza a hablar, permite que tus sentimientos salgan, las palabras, los suspiros, los lamentos e imprecaciones, uno tras otro, sin parar, al igual que cuando se escribe, no debemos corregir nada, ni editarlo, ni pulir tu expresión, sólo di todo lo que en ese momento sientas, después de unos momentos , regresa la cinta y escucha lo que grabaste.



ANALIZA LAS PARTES



Después de escuchar o leer como te sientes, siéntate y analiza tu ira, la mejor manera será analizar de que está formada, separa las partes, localiza sus extremidades, el centro, reconoce el material que la conforma, es como un rompecabezas, que la imagen no tiene sentido mientras las piezas están revueltas en la caja, nada tiene sentido si no se reconstruye, la fuente del enojo, tal vez no sea una sola, sino varias.

Cuando analicemos nuestra ira, las piezas que la conforman una por una, entonces podemos ir colocándolas en el lugar que les corresponde, y así, poco a poco, verás como se reconstruye la imagen total que nos ayudará a identificar lo que es nuestro y desechar lo que no nos corresponde, cuando hallamos terminado de separar e identificar las piezas será hora de realizar un ajuste, un balance de ti mismo.

Piensa en las cosas que te hacen sentir bien contigo mismo y que deseas conservar: virtudes, habilidades, familia, amistades, logros, etc., también piensa en que cosas desearías quitar de tu persona y te arrepientes de hacerlas: apatía, dependencia, sumisión, perfeccionismo, ciertas amistades o aficiones que sabes que no te son positivas, en este análisis debes ser claro contigo mismo, sincero y justo, después de este análisis de tu persona verás que tienes muy pocas razones para no valorarte y que eres mejor de lo que piensas.



ACEPTA LA AYUDA DE TUS AMISTADES

No pases demasiado tiempo sola en este tiempo de recuperación, acércate a tus amistades, frecuéntalas, te darás cuenta que no eres tan mala compañía como te imaginas y que no todos te consideran un desahuciado social, se honesto con tus amistades, cuéntales como te sientes en ese momento, tienen derecho a saber que debes pasar por un proceso, ellas te aman y debes aceptar ese amor que te dan, las buenas amistades merecen la oportunidad de ayudarte.

Debemos hacer lo posible por ayudarnos a eliminar nuestra contaminación emocional, así como decían las abuelas que abriéramos las ventanas para renovar el aire, así nosotros debemos buscar actividades que nos ayuden a renovar ese aire interior, recuerda que necesitamos quemar esa energía negativa que tenemos dentro, dejarla salir, soltarla, necesitamos aprender a relajarnos, debemos intentar poner nuestro cuerpo y nuestra mente a descansar, después de todo lo que hemos vivido en este proceso es necesario hacerlo, buscar un espacio de calma, buscar el equilibrio entre mente, cuerpo y espíritu.

Aunque hemos comentado que debemos permitir que tu enojo brote, es bueno hacerlo cuando estamos solos, o con buenos amigos o en tu grupo de apoyo, pero hay momentos en que no debes hacerlo, por ej. Cuando vayas manejando, en tu trabajo, en un lugar público, no hacerlo cerca de objetos que puedan dañarte o dañar a alguien más, ahora ya sabes que el enojo que sientes es una forma de evitar enfrentarte contigo mismo, piensas que enfrentarte a ti mismo será más doloroso que permanecer aferrado a tu rabia interna, sí, pero piensa que enfrentarte a ti mismo será más difícil y doloroso, pero también increíblemente más útil para ti, aumentará tu poder de recuperación, te ayudará a conocerte más, a saber determinar que es lo que te pasa, será un principio necesario para después aceptarte plenamente.

Aprende a mantener una continua conversación contigo mismo, habla de cómo te sientes, sé sincero, deja la censura fuera, habla de todo: personas, objetos, recuerdos, etc., todo aquello que sientes que te produce molestia y hace que se desate tu enojo, también habla de las culpas que sientes, habla claramente , habla de aquello que creas que haya sido verdaderamente inútil, ponte ante ti mismo el contenido de esa culpa, verbaliza, vocaliza, di con palabras lo tonto que es sentirla, vela como lo que es, nadie puede ser responsable de todo, ni siquiera tú.

Imagina que envuelves tu culpa en un pedazo de tela en una bolsa y que la entierras en el jardín para siempre.

He aquí algunos ejercicios que te ayudarán a descubrir lo que cargas innecesariamente y soltarlo, imagina que:


¿Deliberadamente estás sufriendo a causa de algo sobre lo cuál no tienes control alguno, algo que es totalmente ajeno a ti? : suelta esa brasa que quema tus manos, arroja lejos esa tarántula

¿Te castigas ahora por una culpa no resuelta, algo que sucedió hace mucho tiempo, digamos más de un año o tal vez más?: saca ese fantasma a la luz, el pasado ya pasó, ya no existe ya no puedes cambiar nada de él, ahora estás en el presente, el aquí y el ahora, vívelo, disfrútalo.

Aprende de una buena vez por todas a liberarte de ese sentimiento de culpa que has cargado durante mucho tiempo, y estarás dando un gran paso en tu camino de regreso, acaso el paso definitivo.

CITAS BIBLICAS:
SAB. 5, 6-8 · 14-19 – EL JUICIO
ECLO. 6, 5-17 – LA AMISTAD
ECLO. 10, 6-7 – EL ORGULLO


REFLEXIONES

¿Sientes que ya eres capaz de enfrentarte a ti mismo, como lo has logrado?
¡En este proceso de pérdida que vives te has dejado ayudar, por quién y como?

5 -RESOLVER LA CULPA Y DISOLVER LA FURIA

OBJETIVO :
Reconocer el enojo como parte de nuestro proceso de recuperación
Aprender a no llevar culpas innecesaria sino responsabilizarnos de nuestros actos

Una vez que salgamos de el impacto inicial de la pérdida de un ser amado, de esa conmoción emocional que vivimos, sentiremos el dolor intensamente y entonces saldrá nuestro enojo, estaremos enojados, furiosos, malhumorados durante cierto tiempo, nos enojaremos con nuestra familia, con nuestros amigos, hasta con Dios…., con el ser amado que perdimos, con el mundo entero, sentiremos ira contra todo el universo.

No nos damos cuenta que si nos enojamos con nuestra familia o amistades es porque sentimos en nuestro interior que como ellos no han perdido a su pareja no sienten este dolor, nos enojamos con Dios, porque sentimos que nuestra pérdida es injusta, con el ser amado porque es injusto que nos halla dejado cuando aún había tanto que podíamos disfrutar juntos, tanto por compartir, tanto que podíamos haber resuelto, nos enojamos, aunque en realidad es la frustración que sentimos la que origina este enojo, sin embargo no sentimos ningún alivio al contrario la presión que el enojo nos hace sentir nos agobia.



DISIMULAMOS EL ENOJO



Desde niños aprendimos a censurar nuestros sentimientos, nos enseñaron y eso sí, lo aprendimos muy bien que “la personas decentes, las damas, los niños y niñas bonitos no se enojan”, en pocas palabras nos enseñaron a bloquear nuestros sentimientos, a no sentir y aprendimos a disimular, y precisamente porque aprendimos a no sentir el enojo es que lo encerramos en nuestro interior lo ocultamos incluso para nosotros mismos, simultáneamente lo canalizamos a nuestra mente inconsciente, en consecuencia la ira se quedará allí, estará esperando salir y crear más problemas, el enojo negado o reprimido puede convertirse en amargura o autocompasión y ambas tienen consecuencias sumamente debilitantes, también el enojo contenido puede llevarnos a la depresión que es la ira vuelta hacia adentro.

Dentro de la sociedad de consumo en que vivimos se nos enseñó desde niños que toda pérdida se puede sustituir: por un juguete, un animalito, ropa, etc., nos decían no llores, después te compro otro, o no te preocupes, un clavo saca a otro clavo, como si todo formara parte e un mundo desechable, sólo que nosotros no somos clavos ni el ser amado que perdimos tampoco.



DEBEMOS APRENDER A SENTIR



Cuando no aprendimos a sentir las pérdidas desde pequeños, es probable que al vivirlo de adultos esto nos cause problemas, desde la infancia existen en nosotros dos miedos muy intensos, el miedo al abandono que como niños sentimos sobre todo el abandono de la madre lo que lleva a un niño al borde del pánico y el miedo a la separación de los padres lo que genera en el niño una ansiedad muy intensa, estos dos sentimientos están en nosotros como dormidos en el inconsciente y ahora resurgen y pueden intensificar nuestras emociones ante la pérdida de un ser querido y se crea un sentimiento de pánico y ansiedad que no comprendemos.

Si nosotros analizamos estos sentimientos desde este punto de vista, el terror y la ansiedad probablemente aminoren con una sana introspección, no es lo mismo vivir con precaución que con miedo, si a pesar de analizarlo de esta forma seguimos con esa angustia entonces será mejor buscar ayuda profesional para que podamos manejarla, porque a pesar de nuestros mecanismos de defensa nuestro yo interno sufre los agravios del abandono como si tuviéramos que recibir un castigo.

La relación con nuestro ser amado, generalmente fundamenta el núcleo de nuestra vida, determina en gran medida nuestra definición como personas, esa relación fue testigo de nuestros éxitos, testigo de momentos difíciles, sentimos que nos moldea, nos da forma, de esa relación surgen rasgos muy íntimos de cómo somos, que sentimos, como nos comportamos, etc., así que cuando perdemos a ese ser querido sentimos que perdemos la estructura esencial que ha dado significado a nuestra vida, el orgullo de nuestra existencia ha rodado por tierra.

Sin embargo este “castigo” a nuestro yo interno a medida que se ve dañado, emergerá nuestro “yo auténtico” y ese será más sólido, tendrá una fuerza unificadora más potente y nos ayudará a salir del trance que estamos pasando con mayor integridad, el proceso del duelo nos permitirá ser menos egoístas y nos convertirá en las personas que verdaderamente somos, sin embargo en los momentos de crisis, de dolor no podemos vislumbrar eso, la estructura misma de nuestra vida está dañada, en nuestro dolor y frustración damos palos de ciego contra todo y por nada, no sólo se ha desmoronado nuestro sistema de apoyo, nuestras creencias básicos han sido diezmadas, parece como si la casa se hubiera derrumbado y no queda donde guarecerse, nos quemamos con verdades ardientes, nos sentimos impotentes, nos damos cuenta que no todo puede ser reemplazado, no vamos a estar juntos para siempre, no todo estaba tan bien como yo quería creer.

Nos enfrentamos con dolor a nuestra verdad, nos sentimos reducidos a la mitad de un entero, que el futuro no será como lo esperábamos, que no envejeceremos juntos, QUE ESTAMOS REPENTINA Y TOTALMENTE SOLOS.

Experimentamos repentinos cambios de humor, de pronto estamos alegres y en seguida enojados, el enojo parece llegar d e todos lados, la mayor parte de nuestra ira proviene de la frustración que sentimos ante nosotros mismos, hemos perdido el control de la situación, las cosas se nos van de las mansos y no hay de donde asirse, una de las principales fuentes de la ira es que se nos obliga a cambiar y ese cambio lo sentimos como una amenaza, pocas cosas resultan tan amenazadoras como el rompimiento con las costumbres de toda una vida



NOS INVADE LA CULPA



Al ver perdido el dominio de nuestras vidas, el enojo aumenta más cada vez y entonces nos enojamos con nosotros mismos por sentirnos enojados y luego nos sentimos culpables por eso,, nos enojamos con nuestro ser querido porque ya no está aquí y con nosotros mismos por estar aquí, pero como sentimos que estamos siendo injustos al pensar así nos hundimos en la culpa, amamos y odiamos al mismo tiempo y volvemos a sentirnos culpables por haber odiado, nos culpamos de todo, y nos preguntamos ¿qué hice o que no hice?, la culpa no es otra cosa que nuestra rabia torcida, dolor autoinfligido, al culparnos nos estamos castigando nosotros mismos, nos culpamos y castigamos diciéndonos que no somos dignos de aprecio y trasladamos ese sentimiento que aprendimos desde niños a nuestra edad adulta pensando que porque hicimos algo mal, nos merecemos lo que estamos pasando, salen a la luz culpas que venimos cargando y que los sicólogos nombran como “no resultas”, por lo tanto en nuestra situación de duelo hacemos una transferencia de esas culpas a un sitio que no le corresponde la pérdida que estamos sufriendo, por eso en esa introspección es bueno buscar para no cargar culpas innecesarias, pues esto impide nuestro proceso de recuperación y puede inducirnos a pensamientos negativos que nos lleven a comportamientos destructivos.

Siempre conviene analizar y confrontar nuestros sentimientos de culpa, para no llevar cargando lo que no nos corresponde, un deslinde saludable ayudará mucho y así mejor cambiemos la palabra culpa por la palabra error y al pensar en nuestra situación actual pensemos no de que somos culpables sino en que me pude haber equivocado y responsabilizarnos sólo de nuestros errores no de los errores de otros, cuando aprendamos a soltar la culpa, cuando la descarguemos entonces sentiremos que empezamos a cargarnos de una nueva energía y dejaremos atrás el trance más doloroso de la pérdida, al desechar la culpa y el remordimiento lo peor habrá quedado atrás, donde dejaremos esos molestos compañeros en nuestro camino de recuperación que son verdaderos lastres para nuestro ser.


REFLEXIONES:

¿Puedes identificar en que etapa de tu duelo estás: en la negación, en la etapa de ira, del camino de regreso?

¿Si has superado estas primeras etapas de negación y enojo, puedes compartir tu experiencia de cómo las superaste?

¿Sientes que hay alguna circunstancia que te halla hecho volver a la etapa de ira, cuál y por qué?


LECTURAS BIBLICAS

ECLO. 11, 11-26 – PARA ANDAR SEGURO
JOB 19, 13-15 · 25-29
EFE. 4, 1-6
GAL. 4, 7-11

4 - RECONSTRUYENDO NUESTRO INTERIOR

OBJETIVO:

Una vez que has reconocido cuales son los mecanismos de defensa que has activado partiendo de la aceptación de tu realidad desactivarlos para iniciar la reconstrucción de tu autoestima y del amor que te debes a ti mismo.

Aprender a reconocer que barreras o murallas nos ponemos que nos impiden seguir adelante.

Para iniciar esa reconstrucción de nuestro yo interno que se siente tan lastimado, es conveniente hacerlo con la constante práctica de una sana introspección, es decir, reflexionar continuamente a solas, contigo mismo, acerca de ti, de tus sentimientos, tus dudas, tus temores, etc., dedícate a meditar en ti y en tu vida, practicar esa “mirada interior” es lo que por ahora necesitas.

Comienza por pensar en cuales son los mecanismos de defensa que has activado. Piensa primero: ¿cuáles de ellos te están sirviendo, cuáles están impidiendo o retardando tu proceso para sanar internamente, cuánto tiempo has estado manipulando tu realidad sobreviviendo con tus mecanismos, me siento listo para desactivarlos?, tal vez ya sea el momento de enfrentar nuestra realidad, nuestra pérdida y de rendirnos a las evidencias.

En este momento de una “mirada interior”, debemos poner mucha atención, porque es el peor momento para ser deshonesto con uno mismo, mientras más rápido aceptemos la verdad, más corto será el camino de regreso.





RECONSTRUYE TU AUTOESTIMA (Autoestima Cristiana)

Debemos reflexionar si no a lo largo de este camino el dolor de la pérdida nos ha llevado a ocuparnos, no en reconstruir nuestra persona sino en construir barreras, para resguardarnos sin tomar conciencia que las barreras y murallas nos estorban, nos atoran en ese viaje a nuestra recuperación.

Piensa, se honesto contigo mismo en cuales son actualmente tus actitudes: ¿continúas escondiendo las frases, los regalos, las vivencias y las cosas que te recuerdan a tu ser amado?, esa es una barrera; ¿te aferras a tu dolor todavía, no lo sueltas, no lloras, será que sientes que de alguna manera ese dolor te mantiene “unido” a tu ser amado?, eso es una muralla; ¿el enojo, la ira, el deseo de venganza te siguen atando a esa persona, quisieras que sufriera como tú estás sufriendo, te niegas a aceptar que ya no están juntos, que ya no son una pareja y el vínculo que te unió, no importan los motivos, ahora está roto, ¿evitas las amistades que los veían juntos?.

Todas estas situaciones que muchas veces vivimos pero no queremos aceptar son murallas, barreras que nosotros mismos ponemos, que nos mantienen enganchados y no nos dejan liberarnos, por eso, vuelve tu mirada a ti mismo y piensa que ahora empieza una nueva época para ti, la de tu tiempo, la de todo para ti, es el momento de poner la casa en orden, de sacudir las telarañas y de abrir las ventanas para que penetre aire fresco, derriba tus barreras y da paso a tu recuperación, reconstruye tu autoestima y concédele sentido a tu propio valor.

Debes estar consciente que la parte orgullosa de tu yo interno puede estar tratando de estorbar, el orgullo te ciega si pese a la pérdida mantienes una actitud de “aquí no pasa nada”, queriendo engañar incluso a ti mismo, tal vez esta ceguera sea inconsciente, por eso tendrás que redoblar tus esfuerzos por reconstruir tu autoestima con autenticidad, ciertamente escucha a tu yo interno, pero no confíes del todo en él al menos, no tan ciegamente, escúchalo y suéltalo o déjalo en paz.

Trata de pasar más tiempo contigo mismo, mientras mejor te sientas en tu propia compañía, más fácilmente desaparecerán tus mecanismos de defensa, empieza haciendo cosas sencillas tú solo (a), ocúpate en acomodar tus libros, una tarde solo (a) ver una película, escuchar música, tejer, pintar, etc. Cualquier actividad que te agrade pero hacerla sólo contigo mismo como compañía, al principio no te será fácil, pero poco a poco gozaras más de tu compañía.



AMATE A TI MISMO

A veces resulta difícil darse cuenta que no nos amamos a nosotros mismos y debemos aprender a hacerlo, el amor a uno mismo es un amor muy sabio y muy justo, es un amor que nunca traiciona ni abandona, pero debemos recordar que el amor se alimenta con cuidados y mimos por lo tanto, es tiempo de empezar a mimarte, hacer cosas que te gusten, ejercitar tu mente y tu cuerpo, asistir a conferencias o cursos que te hagan crecer, leer un libro que te interese, es decir, iniciar ahora si actividades constructivas que siempre anhelaste y que no te permitías hacer, empieza a enfrentar la vida poniéndote pequeños retos.

Frecuenta personas con las que te sientas a gusto, no esperes a que ellas te inviten, invítalas tú, acude a los lugares que antes no frecuentabas porque no le gustaban al otro, algo muy importante es que cuando estés pasando por la etapa difícil de tu duelo si es posible evita apoyarte en medicamentos que te relajen o te tranquilicen, porque aunque esto parezca bueno, mientras estés sintiendo el dolor de tu pérdida es mejor evitar aquello que te evada de la realidad y los medicamentos pueden disfrazar tus verdaderos sentimientos, bloquean tu tristeza, tu dolor de momento, pero a la vez los van acumulando internamente y en lugar de salir te crearan una obstrucción, recuerda que tenemos que experimentar el dolor, que es a nosotros a quien nos duele la pérdida, por lo tanto somos nosotros quienes debemos sentirla.

Nuestro cuerpo transforma todas nuestras emociones en actitudes que es bueno que identifiquemos y muchas veces esa falta de amor a uno mismo se refleja incluso en nuestros hábitos alimenticios, puede ser que empieces a comer en exceso o al contrario demasiado poco, estos problemas alimenticios se convierten en una forma de agresión a ti mismo, si tienes problema para comer y no encuentras nada apetecible busca motivarte pensando en lo que te gustaba en tu niñez, aunque sean golosinas, en este momento cualquier cosa te vendrá bien, además esto removerá en ti recuerdos que también te alimentaran emocionalmente, si por el contrario caes en una compulsión por comer muy probablemente estés tratando de aliviar el dolor con la comida, de llenar tu vacío interior con alimentos, te estás construyendo una capa externa para protegerte de tu realidad, en cualquiera de los dos casos sólo te estas creando un problema más, debes poner un alto a esto y si es necesario buscar ayuda para volver a revalorarte, para aprender a amarte.

La mejor manera de ayudarte es ayudando a otros, piensa en tus amistades que necesitan ayuda, acércate a ellas, encontrarás que esto te será muy útil, participa en obras sociales de la comunidad, en proyectos de grupos de apoyo, cuando trabajas en beneficio de los demás tus problemas empiezan a disminuir ya que la mejor forma de ayudarnos a alejar los pensamientos negativos en torno a la pérdida es ayudar a otros que te necesitan, tal vez en esa búsqueda encuentres a otros con situaciones similares a la tuya y se pueden apoyar y ayudar mutuamente.

Otra forma de ayudarnos a sacar nuestras emociones es escribirlas, no quiere decir que vayamos a escribir una novela, sino simplemente es escribir en el momento que te nazca todo lo que estas sintiendo, hacerlo sin engaños, siendo honesto contigo mismo, sin preocuparte si está bien escrito o no, lo que estas escribiendo es sólo para tus ojos por eso, permite que tus sentimientos fluyan libremente, no es conveniente corregir lo que escribes, porque así permites que tus sentimientos se plasmen tal como se te ocurren, cuando termines date un tiempo, respira un momento y lee lo que escribiste, trata de hacer esto diariamente, escribe de tu tristeza, tu ira, tu dolor, tu desesperanza, escribe también sobre tus alegrías sobre todo las recientes, los descubrimientos maravillosos que vas haciendo de tu persona en esta nueva etapa de tu vida, poco a poco tus sentimientos fluirán a través de lo que escribes y sin sentirlo estarás atravesando tu duelo, soltarás poco a poco el dolor, y así irás siguiendo tu proceso de recuperación, será como ir escribiendo una nueva vida para ti.

Recuerda Dios te ha dado muchos dones...es momento de descubrirlos.


LECTURAS BIBLICAS:

PROV. 16, 1-3 · 9
ECLE. 3, 1-8 – TODO A SU TIEMPO
EFE. 4, 22-32 –REVISTAN AL HOMBRE NUEVO
EFE. 5, 15-17
EFE. 6, 10-18


REFLEXIONES:
¿Identificas cuáles son tus mecanismos de defensa y sientes que está preparada para empezar a desactivarlos?
¿Te identificas con alguna de las situaciones mencionadas, es decir, cuales son tus barreras, tus murallas?
¿Has hecho algo por empezar a derribarlas?

3 - EL CAMINO DE LA RECUPERACION.

OBJETIVO :
Empezar tu camino de recuperación partiendo del conocimiento de los elementos que forman parte de tu duelo
Reconocer las señales de lo que está sucediendo en ti para saber enfrentarlo y resolverlo.

Ha llegado el momento de decidirnos a enfrentar nuestra realidad y volver a tomar las riendas de nuestra vida, la decisión es tuya, pues se trata de tu pérdida, de tu amor, de tu duelo, no estas solo en tu dolor, porque otras personas al igual que tú han sufrido la pérdida de un ser querido como tampoco estas solo cuando te decides a recorrer ese camino de recuperación compartiendo las experiencias que nos ayuden a sanar.

En el momento de la crisis de nuestra pérdida, ésta provocó en nosotros una sacudida interior, una conmoción emocional que no sabíamos si podríamos soportarla, esta conmoción que se genera en nuestro interior tiene aspectos positivos y negativos, es decir tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.

Esta situación emocional que estamos viviendo en esos momentos nos puede llevar a vivir una ansiedad extrema que puede provocar en nosotros reacciones equivocadas, pero a la vez, también puede ser como una protección, un resguardo mientras pasa la crisis.

Así, puede ser que hagamos cosas imprevistas, que ni uno mismo se sentía capaz de hacer, mientras dure este estado tal vez nos sucedan cosas extrañas o presentemos comportamientos insólitos en nosotros, a veces podemos mostrar ante los demás una gran calma y en otros momentos una enorme inquietud o miedo, a veces vamos a no sentirnos capaces de realizar nuestras actividades cotidianas e incluso convertirnos en personas ansiosas durante un tiempo, mostraremos reacciones contradictorias y hasta descubriremos que somos capaces de conductas irracionales, ahora haremos cosas que generalmente no haríamos.

Es un hecho que mientras vivimos la etapa del duelo, del dolor que estamos viviendo, nuestra claridad mental va y viene y así como tendremos momentos de inquietud y de oscuridad también los tendremos de una extrema claridad, quizá salgamos brevemente del estado de shock en que estamos y sentir esa calma, para Lugo volver a sentir ira, tristeza. soledad porque en nuestro interior hay un enredo de emociones encontradas, como ya mencionamos con anterioridad el proceso del duelo no sigue un patrón evolutivo, es como el viento que a veces sopla en una dirección, luego se calma, y luego va en otro sentido con más fuerza, así es el proceso del duelo y el dolor que nos hace sentir, el dolor se irá por donde debe irse, pero hay que dejarlo hacer, hay que darle su lugar o nos atrapará por más tiempo. El dolor hay que experimentarlo, que vivirlo y soltarlo.

Como decíamos esa conmoción emocional que vivimos internamente también puede tener su lado bueno, ya que muchas veces esa conmoción y el asombro de lo que hemos vivido nos resguardan emocionalmente, nos protegen contra el dolor y se convierte en una especie de anestésico natural que durará hasta que podamos manejar las diferentes situaciones que vivimos, lo mismo sucede cuando estamos con un gran estrés emocional, los nervios se adormecen, nos protegen de la realidad, como si nuestra mente se negara a recibir más información, en estos momentos estamos recibiendo una protección natural a nuestras emociones

Cuando estamos en el inicio de la vivencia del dolor de la pérdida actuamos como autómatas como si estuviéramos en “piloto automático” y la costumbre tomará el mando de nuestra vida, tal vez escuchemos comentarios de nuestros familiares o amigos que “nos ven con una actitud positiva con mucha calma, que no pensaban que reaccionaríamos así, etc.”y efectivamente por un tiempo actuamos así, pero realmente no somos nosotros sino nuestro “piloto automático” quien dirige nuestra vida en esos momentos y él tiene el control.





¿QUE PUEDO HACER?





No es mucho lo que podemos hacer en estos momentos de conmoción emocional, lo que si es importante es que en esos momentos no debemos exigir ni pedir mucho de ti mismo, evitar realizar demasiadas cosas demasiado pronto, no tomar decisiones a la ligera ni emprender negocios o aventuras porque en esos momentos no tenemos la claridad necesaria para ser asertivos, en estos primeros momentos debemos permitir que nuestras amistades o familia nos ayuden, nos acompañen y nos conforten.

Así como en esos momentos nuestro cuerpo nos está protegiendo nosotros debemos ayudarlo haciendo cosas que nos ayuden a reducir la tensión, y sobre todo en esos momentos debemos limitar las actividades y compañías que aumenten nuestro estrés, en ese momento debemos sólo recibir lo que podemos manejar, no debemos pedir más

Con frecuencia nos asaltará la urgencia, la sensación de que debemos tomar decisiones de inmediato, no debemos hacer caso a esto, debemos darnos tiempo para más adelante tomar las decisiones necesarias, nuestros pendientes pueden esperar, déjalos que esperen, pese a las apariencias de calma que puedas mostrar definitivamente en esos primeros momentos no tenemos la claridad ni la paz necesaria para tomar decisiones importantes, por lo tanto no te apresures, date tiempo, la resolución llegará cuando estemos listos.

Creer que nuestra vida, nuestra rutina o nuestras cosas son permanentes, forma parte de nuestro condicionamiento cultural, recibimos desde pequeños múltiples lecciones explícitas e implícitas acerca de la permanencia de las cosas pues nos enseñaron a pensar y decir: “Siempre viviré en esta casa, mis padres estarán siempre conmigo, hasta que la muerte nos separe, mis hijos estarán conmigo toda la vida, nunca volveré a estar solo, etc.” , nos envolvemos en estas creencias como en una cobija protectora, nos gusta creer que las cosas o las personas permanecerán durante el resto de nuestra vida, que se quedarán como están, es más cómodo creer en ello.



PERDEMOS NUESTRO SENTIDO DE PERMANENCIA



La pérdida amorosa desafía nuestro concepto de permanencia, cuando un ser querido se va, entran en contradicción nuestras ideas más arraigadas, la pérdida contradice nuestras creencias de que las cosas o la permanencia de las personas deben ser para siempre, afirma, ante nuestra incredulidad que las cosas o nuestras relaciones no son como pensábamos y que lo que creíamos conocer tal vez no existía, esto nos provoca un gran dolor y la situación se tambalea ante nuestros ojos, surgen innumerables dudas en relación con nuestros esquemas de vida, creencias, conceptos, principios, valores, etc., ante la pérdida sentimos que todo esto se derrumba.

Dentro de esa conmoción nuestra primer reacción es aferrarnos a nuestras creencias en vez de aceptar la posibilidad de que nuestras creencias básicas pudieran estar equivocadas, tratamos de acomodar los hechos y los ajustamos conforme a esas creencias

La verdad dolorosa de nuestra pérdida nos lleva a negarla, podemos incluso llegar a destruir aquello que se atreva a sugerirnos nuestra realidad, tratamos de cambiar al mundo que nos rodea a costa de lo que sea, porque es muy doloroso aceptar el derrumbe de nuestro mundo interior

En esta negación de la realidad que vivimos activamos una serie de mecanismos para protegernos, estas defensas ingeniosas son seleccionadas por nuestro inconciente para evitar dañarnos, concientemente tenemos poco que ver con esto, pero lo que si podemos hacer con conciencia es influir en la duración, en el tiempo que vamos a necesitar esas defensas y para eso nos ayudaremos con la disposición que tengamos de enfrentar nuestra realidad y vivir el proceso de nuestro duelo.







LOS MECANISMOS DE DEFENSA SE ACTIVAN

Es nuestra mente inconsciente quien selecciona esos mecanismos de defensa y tiene un arsenal enorme y bien abastecido, lo repentino de la pérdida es un factor determinante en esa selección, entre más inesperada es la pérdida, mayor es la necesidad de resguardarnos del daño que nos pueda hacer.

Los mecanismos de defensa llevan las emociones de un lugar a otro, las conducen adonde no les corresponden, eso es lo que hacen, las cambian de lugar, por lo general, esto proporciona alivio a corto plazo pero nos obstaculizan a lo largo del proceso, algunos de estos mecanismos de defensa son: represión, negación, negociación, proyección.


REPRESION

La represión es la reina de los mecanismos de defensa, la primera que aparece cuando se activan nuestras defensas al sufrir una pérdida, al reprimirnos rechazamos las conductas y las emociones que no nos gustan, contener y moderar nuestra respuestas a la pérdida refrena el dolor., nuestro rechazo encierra esas respuestas en el inconsciente y de allí brotan cuando menos las esperamos.

Cuando reprimimos una idea o una imagen porque es demasiado dolorosa, también podemos contener un impulso que nos asusta demasiado, puesto que todo aquello que sentimos ante nuestra pérdida suele ser intenso, sencillamente no lo podemos mostrar, así que antes que perder el control reprimimos el dolor.

Muchas veces la represión tiene un propósito definido a corto plazo, lo mejor es no mostrar ni intentar manejar nuestros sentimientos en ese momento, lo que sentimos seguirá allí, pero por el momento no basta con saber que más adelante tendremos que reconocerlo, que empezar a expresarlo, a manifestarlo, los sentimientos que reprimimos deben salir finalmente, pueden hacer acto de presencia cuando menos lo esperemos, una cosa es cierta, tienen que salir y saldrán el cuando, lo puedes decidir tú.

La represión puede convertirse en hábito y se convertirá entonces en una forma de negar nuestros sentimientos, de cubrirlos bajo una concha, esta cubierta puede costarnos nuestra capacidad de sentir, no sentir equivale a no estar vivo.



NEGACION

La negación consiste en negarse a aceptar un hecho desagradable, todos recurrimos a la negación como una táctica dilatoria para posponer lo inevitable, negamos la verdad hasta que nuestra persona esté lo suficientemente sano para manejarla y así decimos: “A mi no.., ya, regresara y todo volverá a ser como antes, a mi no me puede pasar.., etc.”, temporalmente la negación suele ser inofensiva, pero si nos aferramos demasiado tiempo a nuestras propias mentiras, dejaremos que los problemas se acumulen y que las emociones se desboquen, entre más tiempo lo neguemos, más tardaremos en sanar.



NEGOCIACION

En ocasiones entraremos en negociaciones con nosotros mismos o con Dios, estaremos tratando de cambiar o posponer lo inevitable por ej: “por favor que no sea cierto y te prometo ser mejor persona, devuélvemelo y te prometo ayudar más, etc.”, no importa que no tengamos la menor intención de cumplir esas promesas.

Como la mayoría de los mecanismos de defensa, la negociación se activa para retardar los efectos del dolor, nos da más tiempo, permite que nuestra persona esté lista para decidirse a buscar su recuperación, pero si permanecemos demasiado en la negación también retardamos el proceso de recuperación.



PROYECCION

Para deshacernos de un sentimiento de ira inaceptable a veces optamos por la proyección, sencillamente trasladamos nuestro sentir (rabia, culpa, remordimiento) a otra persona o cosa, así, si estamos enojados, o nos sentimos culpables, el otro es el que “seguramente está sufriendo mucho”, confundimos el objeto de nuestra ira con nuestro dolor, si estamos enojados contra nuestro ser querido porque nos abandonó, es posible que dirijamos ese enojo a nuestros hijos, amigos, vecinos, etc., y es que no podemos aceptar que estamos enojados con alguien a quien amamos tanto.

Si nos odiamos por nuestro fracaso, quizá cambiemos el objeto del odio y dirijamos nuestro enojo a un objetivo diferente, compañeros de trabajo, socios, etc., el autodesprecio, la autodenigración, es insoportable, por eso es mejor despreciar y denigrar a los demás, en una palabra la proyección encuentra chivos expiatorios.

Este mecanismo de defensa presenta entre otros un problema, de cualquier manera, debemos entender que nos estamos defendiendo de las consecuencias de la pérdida que hemos sufrido.

Esta defensa coloca a la pérdida en el primer plano de nuestra existencia, mientras la sigamos proyectando estará siempre delante de nosotros y con ello colocamos una barrera formidable para lograr nuestra recuperación.

LECTURA BIBLICA
Eclo. o Sir. 39, 16-23 – EL DUELO POR LOS MUERTOS
Eclo. o Sir 2, 1-6 – TEMER A DIOS EN LAS PRUEBAS


REFLEXIONES
¿Te das cuenta cuáles son tus mecanismos de defensa?
¿los aceptas, los puedes expresar?

2 - EL DOLOR COMO UN CAMINO DE REENCUENTRO

OBJETIVO :

Para recuperar la paz interior que hemos perdido debemos empezar por comprender que el duelo que vivimos ante la pérdida de un ser amado, es parte inevitable de nuestras vidas.

Aprender a aceptar el dolor vivido en ese duelo como la única forma de avanzar hacia un camino de liberación, sanación y recuperación de esa paz interior.


¿QUÉ ES EL DOLOR?

Como mencionamos en el tema anterior, es importante entender lo que sucede en el proceso de duelo que vivimos por la pérdida de un ser querido, ya que enfrentar ese duelo, vivirlo, resolverlo, es el único camino que nos llevará a retomar el control pleno de nuestra vida para que esta sea plena y feliz.

Toda pérdida tendrá que dolernos, y por eso tendremos que experimentar el dolor, que sentirlo, que vivirlo, que transitar a través de él, experimentarlo a solas con nosotros mismos

Después de la pérdida de un ser querido, la mente lucha contra tu cuerpo, se vive dentro de una gran tensión emocional, parte de nuestra mente nos dice que todo sigue igual, que no debes estar mal por la pérdida que has sufrido, que no te dejes abatir, de alguna manera la mente nos quiere proteger minimizando los acontecimientos, o bien actuamos así porque seguimos los esquemas aprendidos desde nuestra niñez en que nos enseñaron a esconder nuestros sentimientos, a reprimir todo aquello que es desagradable, porque sentir y mostrar tu dolor es señal de debilidad y por eso ante el enojo que muchas veces ocasiona la pérdida no queremos parecer débiles, no queremos que nos tengan lástima, porque la sociedad dicta que como símbolo de madurez y de control un adulto no debe mostrar su dolor, pero nos olvidamos que no es la sociedad, ni la gente que nos rodea la que está viviendo ese dolor, sino nosotros, a quien le duele profundamente es a ti.



ACEPTA LA PERDIDA.

El inicio de ese camino que buscamos de sanación, de liberación, de todo aquello que estamos sintiendo, es la aceptación de tu pérdida, eso es lo mejor que podemos hacer para recuperarnos, aceptar que el ser amado se ha ido, eso es lo más importante, esa es nuestra realidad y de ella debemos partir.

Para poder aceptar esa pérdida, es necesario dejarnos sentir todas las emociones que esa pérdida nos provoque, debemos permitirnos sentir el dolor, no reprimirlo, debemos darnos permiso de expresar lo que nuestro cuerpo nos dice, tratar de controlar nuestros sentimientos no nos ayuda ni a nosotros ni a quienes nos rodean, tratar de parecer fuertes solamente estorba a nuestro proceso de recuperación, cuando aceptes tu realidad y sientas enteramente la pérdida del ser querido, habrás iniciado el camino de regreso.



SENTIR EL DOLOR NO ES DEBILIDAD.

Sentir tu dolor no es señal de debilidad, es la parte esencial para nuestra curación, todo lo que estamos sintiendo en esos momentos es normal y necesario, esos sentimientos se quedarán contigo hasta que pases a través de ellos, los vivas, los sientas y los sueltes, por eso debemos concedernos el sentirlos, el vivirlos, el hablar de ellos, en una palabra, abrir tu corazón y dejarlos salir.

No debemos tratar de ser valientes, algunos familiares o amistades con buenas intenciones nos dirán: “Tienes que ser valiente, verás que mañana te sentirás mejor, mañana lo verás de otra forma, etc.”, pero aunque son buenas sus intenciones, consejos de este tipo invalidan nuestros sentimientos y minimizar el dolor que sentimos por la pérdida de un ser querido sólo retardará nuestro proceso de recuperación, a veces podemos pasarnos años en esta negación.

Debemos aceptar nuestra realidad por dolorosa que sea, pensar que siempre es mejor vivir con la verdad que en una mentira que ni nosotros nos creemos pero que sostenemos y no nos deja recuperarnos, debemos aceptar que esa pérdida me está doliendo hasta lo más profundo de mi ser, e identificar que es lo que más me duele de lo que estoy viviendo, aceptar que no me voy a sentir mejor mañana, no negar mis sentimientos y darte permiso de sentir y expresar tu dolor por la pérdida que estás viviendo, tu familia, tus verdaderos amigos conocen tu dolor y lo tolerarán porque sabrán que la aceptación del mismo es el inicio de tu recuperación.

Al enfrentar la realidad debes entender que este duelo que ahora vives no nace únicamente del amor perdido, sino que también sufres la pérdida de un futuro que tenías proyectado y sientes que una parte tuya desapareció también, ¿no habías pensado que envejecerían juntos, que harían muchas cosas juntos cuando los hijos fueran independientes, etc.?, ahora no sólo lloras la pérdida de un ser querido, sino la muerte de muchos sueños que tenías, y por eso estás sufriendo, porque llegó el final de lo que tú y tu ser amado fueron juntos, es el dolor de sentir que aquello que un día fue íntegro y entero, un día se rompió por la mitad y tal parece que a nadie le hubiera importado lo que tú pensabas, lo que tú sentías, lo que tú querías.

Ahora es tiempo de empezar un camino de recuperación y para eso debemos comenzar a trabajar nuestro duelo, vivir y aceptar tu dolor pero no quedarte estacionado en él, aceptarlo, sentirlo, hablar de ello, pues está ahí, forma parte de nosotros en este momento y por eso no debemos ignorarlo, sino enfrentarlo.

Este camino de recuperación inicia al descubrir que es inútil tratar de controlar o negar nuestros sentimientos, eso nos lleva a desconfiar de ellos, a esforzarnos sin éxito por negarlos, a enojarnos con nosotros mismos por sentirlos y eso no está bien, no podemos ordenar que nuestros sentimientos desaparezcan, no van a irse solos a menos que los enfrentemos y hablemos de ellos, de lo que sentimos, y así descubriremos que están ahí tratando de salir, el dolor dura más cuando nos empeñamos en negar lo que sentimos, los sentimientos no son pensamientos, son experiencias y por eso hay que vivirlas, has sufrido la pérdida de un ser querido y eso duele y va a seguir doliendo hasta que hayas completado tu proceso de duelo.

El dolor no es mortal, ni una enfermedad, el dolor es una emoción provocada por la pérdida de un ser amado, o de un estado de vida, pero no debemos olvidar que las pérdidas forman parte de la vida, por eso el dolor debemos verlo como una parte necesaria para nuestra sanación, así el dolor aunque parezca increíble viene a ser tan sano, tan común y tan vital como la risa y como las lágrimas.

El duelo que se vive ante una pérdida varía de una persona a otra en intensidad y en duración, la intensidad varía dependiendo de la cantidad de ti mismo que invertiste en la relación, en convivir con la otra persona, la duración, depende de tu voluntad, de experimentar el proceso, de atravesar el duelo y liberarte de él, porque todo duelo es un proceso, es un movimiento que hacemos hacia el cambio, es una evolución en nuestro ser, una transformación de nuestra vida, este proceso cuando te decides a vivirlo no se detiene, cada día te sientes diferente y así el dolor va pasando con el tiempo.



LOS ROSTROS DEL DOLOR

El dolor tiene muchos rostros, puede ser blanco y negro, se presentará a veces como risas y tristeza, lágrimas y sonrisas entremezcladas, otras como una actividad acelerada o una inactividad total, como un enojo desatado y un alivio reconfortante, tendrá tantos rostros como los que tuvo el amor que sentiste por ese ser que se ha ido, nunca dolerá de igual manera, el duelo que vivimos no tiene horario, ni rutina de ejercicios, hace lo que tiene que hacer y debemos dejarlo hacer, sólo así lo experimentaremos, las heridas no se curan sólo con el tiempo, nosotros podemos participar en su curación, cuando nos abrimos por medio de la aceptación al proceso del duelo, el dolor comienza a salir y empieza a desvanecerse, hasta quedar sólo como un recuerdo que forma parte de nuestra vida pero que ya no permitimos que nos dañe.

Anteriormente los terapeutas y sicólogos creían que el dolor se daba en etapas, que iba de la desesperación a la aceptación y no seguir este patrón no era normal, ahora se sabe que el duelo no sigue un patrón específico, no es ordenado, ni limpio, ni lineal, en una palabra en la vivencia de un duelo no existe “lo normal”, cada persona es diferente por lo tanto cada duelo es distinto, la esencia del duelo puede ser la misma, pero la experiencia de cada persona es única, los elementos del duelo pueden aparecer en cualquier orden, puede comenzar con rabia o desasosiego, pasar por una conmoción emocional, o por una negación, para regresar luego a la ira, acompañada de confusión o incredulidad y a toda esta variedad de sensaciones debemos añadir el sentimiento de culpa o de impotencia que sentimos, no puede predecirse el camino que seguirá el duelo, no tiene un itinerario fijo, y eso si es normal, ya que se trata del proceso de quien lo vive, no olvidemos que en todo este proceso es importante ir tomados de la mano de Dios, uniendo nuestro dolor al de Cristo encontraremos el sentido del mismo, y podremos darle un valor de salvación para nosotros, pidamos al Señor que nos ayude a entender no el ¿por qué, sino el para qué, qué es lo que debo aprender de esta experiencia que estoy viviendo? y así viviendo en la esperanza y en la fe vivir mi duelo en busca de la sanación de mi espíritu para volver a encontrar la paz y aprender a ser feliz con mi realidad de cada día.


LECTURAS BIBLICAS
Hebr. 12, 2-12 – ACEPTEN LA CORRECCION DEL SEÑOR
Fil. 1, 27-29 – SIGAN FIRMES EN LA FE


REFLEXIONES:

En las pérdidas que has sufrido, ¿puedes identificar cual ha sido la más difícil de aceptar?
¿Qué hiciste para superar este dolor y crees que te haya ayudado a superarlo?
¿Has hablado de este sentimiento con tu familia más cercana y cual fue su reacción?

viernes, 14 de agosto de 2009

Sacramento del matrimonio y Nulidad matrimonial

Sacramento del matrimonio y Nulidad matrimonial

1Sacramento Matrimonio
“Unión marital de un hombre y una mujer, entre persona legitimas, para formar una comunidad indivisa de vida”

a. La esencia del matrimonio
Es el mutuo consentimiento manifestado legítimamente, es decir, el contrato matrimonial. Y el hecho de estar casado, el estado permanente.

b. Las propiedades esenciales del matrimonio
La unidad, uno con una
la indisolubilidad, es una unión permanente
y la apertura a la fecundidad.

c. Fines
El amor entre los esposos y la ayuda mutua,
la procreación de los hijos y la educación de estos.

d. Obligaciones
Conceder el débito conyugal, “la mujer no es dueña de su cuerpo: es el marido, e igualmente el marido no es dueño de su propio cuerpo: es la mujer”
El acto conyugal debe quedar abierto a la generación de una nueva vida (sin dejar de lado la paternidad responsable).

e. La celebración del matrimonio
El consentimiento matrimonial
Verdadero, ni fingido, ni simulado.
Libre y deliberado, no de futuro.
De presente, no basta el consentimiento de futuro.
Mutuo y simultaneo, se entregan mutuamente, al mismo tiempo de forma externa y legitima.
Absoluto, no debe ponerse ninguna condición.


2Matrimonio Nulo
Anular, significa hacer que aquello que tenía existencia legitima, deje de tenerla, “Declara Nulo”
Por el contrario, es el acto mediante el cual la autoridad competente hace una declaración que afirma –con certeza moral- que una acto jurídico (matrimonio) nunca tuvo valor a pesar de las apariencias.

Existen varias presunciones cuando hablamos de matrimonio.
“El matrimonio goza del favor del derecho; por lo que, en la duda, se ha de estar por la validez del matrimonio, mientras no se pruebe lo contrario”
Se presume la consumación una vez que han cohabitado.
Se presume que la persona interiormente quiere aquello que dice.


El proceso judicial de nulidad
Tiene como objeto descubrir las circunstancias que afectan a la validez del matrimonio. Se recogen las declaraciones de ambos esposos y de otros testimonios, finalizando, después de diferentes pruebas, en una sentencia.
Si es favorable a la petición de nulidad, se necesita una confirmación de un tribunal superior. Finalmente se inscribe la sentencia en los libros sacramentales, quedando los esposos libres para casarse de nuevo por la Iglesia. La declaración de nulidad presupone la existencia de la incapacidad original o del defecto esencial del consentimiento de uno de los futuros esposos en el momento de la celebración del matrimonio.
Por desgracia, en muchos lugares se ha ido extendiendo una mentalidad que considera la nulidad como una solución pastoral si surgen dificultades serias en el matrimonio. Precisamente la inmadurez psíquica ha sido uno de los motivos más utilizados para justificar la petición de nulidad.

Distinción entre separación, nulidad y disolución del vínculo
Conviene hacer una distinción para evitar equívocos entre tres nociones esencialmente distintas:
a) nulidad de matrimonio; b) disolución del matrimonio; c) separación conyugal.

a) La nulidad del matrimonio indica que el vínculo conyugal no ha surgido, no existe. Y no han surgido, por lo tanto, los derechos y deberes propiamente conyugales.

b) En el supuesto de la disolución del matrimonio hay un vínculo conyugal; ese vínculo, sin embargo, queda disuelto -hay una ruptura del vínculo- o bien por la muerte de uno de los cónyuges, o bien en alguno de los supuestos excepcionales que contempla el ordenamiento canónico.

c) La separación conyugal también supone que existe el vínculo conyugal, aunque se produce una suspensión de los derechos y deberes conyugales, sin ruptura del vínculo, es decir, permaneciendo el vínculo conyugal.


3Forma licita de iniciar un trámite de nulidad
Quien desee someter su caso al tribunal debe tener en cuenta de las consecuencias de este acto. Es una autentica cuestión de conciencia, se debe recordar a quien pretenda introducir una demanda de nulidad matrimonial sin demasiadas probabilidades, la posibilidad de acudir a la separación permaneciendo el vínculo.

Es muy difícil para un cónyuge poder analizar su caso en especifico con la objetividad necesaria, por eso es necesario recurrir al tribunal eclesiástico.

La sentencia de nulidad no anula el matrimonio, sino que reconoce una nulidad preexistente.
Es oportuno recordar que el proceso canónico es un instrumento de paz y justicia, no por el deseado resultado de nulidad, sino por la verdad que queda esclarecida.

Para que sea moralmente lícito presentar una demanda de nulidad matrimonial, deben darse dos condiciones:

a) Que la nulidad sea verosímil
1) El demandante ha de estar convencido en conciencia de la existencia de los hechos en que se fundamenta su pretensión. No se le puede exigir certeza moral de la nulidad esa es la función de los tribunales, no de las partes pero sí la persuasión íntima de la realidad de los hechos que alega. Aunque los hechos en que se base han de ser reales, no se le puede exigir que sea capaz de valorar con profundidad canónica los hechos que alega; para ello hacen falta unos conocimientos técnicos que pocos poseen. Tampoco es legítimo presentar pruebas falsas para apoyar una nulidad basada en hechos indemostrables.
2) No se debe manipular la realidad.
“El proceso canónico de nulidad del matrimonio constituye esencialmente un instrumento para certificar la verdad sobre el vínculo conyugal.”
Es instrumento cualificado para cumplir el deber de justicia de dar a cada uno lo suyo.

b) Que sea imposible o desaconsejable la convalidación.
En el caso del matrimonio presuntamente nulo, los cónyuges tienen derecho a impugnarlo. Pero para que el ejercicio de este derecho sea legítimo, debe ser imposible o no conveniente la convalidación.
Que un matrimonio resulte nulo es un mal para los cónyuges y para la Iglesia.
El derecho canónico, prevé amplias posibilidades de convalidar un matrimonio que se sabe nulo.
La convalidación es una solución que evita daños a los hijos, y el ejemplo de un matrimonio que no se rompe.
Pero el efecto positivo principal se produce en el orden sobrenatural, al reparar un sacramento mal recibido.

Se debe recordar que el matrimonio goza del favor del derecho.

“En la práctica, la nulidad de un matrimonio se suele plantear porque la situación de las partes ya ha llegado a tal grado de desacuerdo que es verdaderamente difícil reanudar la convivencia y es de temer que surgirían los mismos motivos de desavenencia entre ambos. Y lo que es más grave, los problemas surgirían cuando ya se ha establecido verdadero vínculo matrimonial indisoluble, por lo que este requisito se debe valorar con suma prudencia”

Por eso es que se hace tanto hincapié en la importancia de la asesoría de un confesor o director espiritual que puedan aconsejar correctamente.


Causas de Nulidad
Las causas se distribuyen en tres capítulos:

1) En razón de un impedimento canónico invalidante, que no fue dispensado, o que no podía serlo: edad, impotencia, ligamen, disparidad de culto, orden, voto, rapto, crimen, consanguinidad, afinidad, pública honestidad, adopción.

2) Por causa de un vicio o defecto del consentimiento matrimonial: carencia de suficiente uso de razón, grave defecto de discreción de juicio, incapacidad para asumir obligaciones esenciales, ignorancia de la naturaleza del matrimonio, error acerca de la persona o de una cualidad, dolo o engaño, error que determina a la voluntad, consentimiento simulado, consentimiento condicionado, violencia o miedo grave, ausencia de los contrayentes, falta de exteriorización del consentimiento, incapacidad legal del procurador.

3) Por falta de forma canónica requerida para la validez del matrimonio.


Nulidades derivadas de impedimentos

Impedimentos que nacen de circunstancias personales
* Impedimento de edad (16 años para el varón y 14 para la mujer): c. 1083
La legislación en México contempla además exigir el comprobante del matrimonio civil.
* Impedimento de impotencia antecedente y perpetua: c. 1084
La nueva legislación menciona que es la incapacidad para realizar la cópula conyugal.

Impedimentos que nacen de causas jurídicas
* Impedimento de vínculo o ligamen: c. 1085
Se refiere al vinculo conyugal, que no es dispensable por ninguna autoridad eclesiástica.
* Impedimento de disparidad de cultos: c. 1086
Entre dos personas que profesan una religión distinta.
* Impedimento de orden sagrado: c. 1087
Para aquellos que han recibido la Ordenación sacerdotal, para lo cual la ordenación debe ser VALIDA,
este impedimento es dispensable, pero deber ser dispensada por el Romano Pontifice.
* Impedimento de voto público y perpetuo de castidad en un instituto religioso: c. 1088
Quienes están vinculados por un voto publico, perpetuo de castidad en un Instituto Religioso.

Impedimentos que nacen de delitos
* Impedimento de rapto: c. 1089
Es la prohibición de contraer matrimonio, del hombre raptor con la mujer raptada, con la intención de
contraer matrimonio con ella.
* Impedimento de crimen: c. 1090
Conyugicidio, dar muerte al propio conyugue, conyugicidio impropio, dar muerte al cónyuge de aquel
con quien se pretende contraer matrimonio y conyugicidio con cooperación mutua, aunque no lo hagan
con intención de contraer matrimonio.

Impedimentos de parentesco
* Impedimento de consanguinidad: c. 1091
Vinculo de sangre que existe entre personas que descienden por generación carnal.
* Impedimento de afinidad: c. 1092
Es el vinculo personal entre un conyuge y los consaguineos del otro. Dispensa corresponde al Ordinario
del Lugar. Ejem: Marido con Suegra, Hijastra, Madre y Abuela de la Suegra.
* Impedimento de pública honestidad: c. 1093
Tienen parentesco de pública honestidad una persona y los consanguíneos de la mujer o del hombre con
el que se ha convivido en un matrimonio que resultó inválido, o del concubinato notorio y público.
* Impedimento de parentesco legal: c. 1094
En el caso de la adopción.

QUIENES CONTRAEN MATRIMONIO, TENIENDO ALGUNOS DE LOS IMPREDIMENTOS QUE SE MENCIONAN, Y EL IMPEDIMENTO NO HA SIDO DISPENSADO, HAN CONTRAIDO INVALIDAMENTE.
TODOS ESTOS IMPEDIMENTOS SE LES LLAMA IMPEDIMENTOS DIRIMENTES


Nulidades por vicio de consentimiento
*Nulidad por carecer de uso de razón: canon 1095, 1º
Ya sea por estar aquejados de una enfermedad mental habitual o actual y la de aquellos que cuyas
facultades mentales están afectadas por una grave perturbación momentánea en el momento de emitir el
consentimiento matrimonial.
*Nulidad por grave defecto de discreción de juicio: canon 1095, 2º
“La capacidad humana proveniente de una armónica unión de las facultades espirituales del intelecto y
la voluntad, por la que, el contrayente puede apreciar prudentemente y asumir con razonable
deliberación las graves obligaciones inherentes al cónyuge”
*Nulidad por incapacidad de asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza
psíquica (incapacitas assumendi): canon 1095, 3º
La incapacidad de asumir, ósea que no puede cumplir, nadie puede responsabilizarse de aquello que no
puede cumplir. (el bien de los cónyuges, el bien de la prole, el bien del sacramento) No basta una mera
dificultad.
*Ignorancia de las propiedades esenciales del matrimonio: canon 1096.
Que no ignoren al menos que el matrimonio es un consorcio permanente entre un varón y una mujer,
ordenado a la procreación de la prole mediante cierta cooperación sexual
*Error acerca de la persona: canon 1097 § 1
El error sobre la identidad de la persona con la que se quiere contraer, afecta de manera sustancial al
objeto del consentimiento.
*Error acerca de una cualidad de la persona directa y principalmente pretendida (error redundans): canon
1097 § 2
*Dolo provocado para obtener el consentimiento: canon 1098.
Quien contrae matrimonio engañado por dolo provocado para obtener su consentimiento, acerca de una
Cualidad del otro contrayente, que por su naturaleza pueda perturbar el consorcio de vida conyugal,
contrae inválidamente.
*Error determinante acerca de la unidad, de la indisolubilidad o de la dignidad sacramental del
matrimonio (error determinans): canon 1099.
*Simulación total del matrimonio o exclusión de una propiedad esencial: canon 1101
“El consentimiento interno de la voluntad se presume que está conforme con las palabras o signos
empleados al celebrar el matrimonio.”
*Nulidad por atentar matrimonio bajo condición de futuro (canon 1102 § 1) o bajo condición de pasado
o de presente que no se verifica (canon 1102 § 2).
*Matrimonio contraído por violencia o por miedo grave: canon 1103.
Debe ser un miedo grave, proveniente de una causa externa al propio sujeto, y que tenga una relación
entre el miedo y la celebración del matrimonio.

Nulidades por defecto de forma
* Matrimonio nulo por celebrarse sin la asistencia del ordinario del lugar o párroco, o sin su delegación:
canon 1108.
Se establece que además del testigo cualificado, haya dos testigos.
* Matrimonio por procurador nulo por vicio del mandato: canon 1105.

sábado, 2 de mayo de 2009

Psicoterapia

Autor: . | Fuente: Ricardo Milla
Psicoterapia y conversión
Comentarios de Ricardo Milla sobre el pensamiento de Allers
http://es.catholic.net/psicologoscatolicos/872/3022/articulo.php?id=36104

Psicoterapia y Conversión
Psicoterapia y dirección espiritual no sólo no se contraponen, sino que convergen
Resumen

En la escuela adleriana, la psicoterapia es en el fondo pedagogía. Se trata de reeducar el carácter para que se conforme con los fines reales de la naturaleza humana.

Allers lo asume pero “desde lo alto”, a partir de una visión más profunda del ser humano, dada por la antropología cristiana.

Proceso de transformación del carácter neurótico, la curación es considerado como una conversión, metánoia, un cambio de la mente.

La transformación interior que lleva a la salud, comienza por la humildad, que vence a la soberbia, la voluntad de poder que es el motor oculto del carácter neurótico. Esto no se puede hacer sin ser movidos por el amor auténtico. Junto a éstos coloca la verdad; el lema de su labor terapéutica era “La verdad os hará libres”.


El papel del psicoterapeuta es secundario y auxiliar. Se trata de quitar los impedimentos al desarrollo de estas fuerzas curativas en el interior de la persona, a través del amor.


Esto implica un cierto grado de desarrollo moral y espiritual por parte del terapeuta que muy a menudo es tomado como ejemplo por quien necesita ayuda.


En la perspectiva “desde lo alto”, psicoterapia y dirección espiritual no sólo no se contraponen, sino que convergen.



“El psicólogo no puede menos de reconocer con modestia los límites de sus posibilidades y respetar la individualidad del hombre sobre el que ha de pronunciar un juicio; deberá esforzarse por percibir en todo hombre el plan divino y ayudar a desarrollarse en la medida de lo posible”.

martes, 10 de marzo de 2009

La autoestima del cristiano

Míchel Esparza es el autor de «La autoestima del cristiano», de la Editorial Belacqva , «una obra que se dirige a cristianos corrientes que se afanan por mejorar la calidad de su amor
Entrevista a Míchel Esparza, filósofo y teólogo


LOGROÑO, jueves, 2 septiembre 2004 ( ZENIT.org ).- Míchel Esparza es el autor de «La autoestima del cristiano», de la Editorial Belacqva , «una obra que se dirige a cristianos corrientes que se afanan por mejorar la calidad de su amor», según cuenta a Zenit el autor, don Míchel Esparza.

Esparza, sacerdote que ejerce su ministerio pastoral en Logroño, es filósofo y teólogo y autor de «El pensamiento de Edith Stein» (Eunsa).

--La autoestima tiene mala prensa en ambientes cristianos, parece opuesta a la humildad. Usted, en cambio, cree que autoestima y cristianismo se complementan. ¿De qué modo?


--Esparza: Sí, a primera vista la autoestima parece opuesta a la humildad, porque entendemos que es humilde quien no se toma demasiado en serio a sí mismo. Pero si lo miramos con mayor profundidad, vemos que la humildad se traduce en un espontáneo olvido de uno mismo, es decir, es humilde ante todo quien no se da demasiadas vueltas a sí mismo.

Ahora bien, ese egocentrismo no se da sólo en personas vanidosas y arrogantes, sino también en personas que se infravaloran: también la falsa modestia y el autorrechazo son contrarios a la humildad. Por tanto, para ser humilde, es preciso que uno se acepte a sí mismo tal como es, más aún: es preciso que uno se ame a sí mismo aún sabiendo que tiene defectos.

Es aquí donde autoestima y cristianismo se complementan. En última instancia, los conflictos con uno mismo provienen de la dificultad de aceptar la propia miseria, y nada le reconcilia a uno tanto consigo mismo como el saberse amado.

Cristo nos ha revelado el amor incondicional de Dios por cada ser humano. Quien, a pesar de ser miserable, se sepa amorosamente mirado de continuo por un Padre que le ama tal como es, gozará de una paz interior inamovible. Sus errores personales no le quitarán esa paz porque sabe que a su Padre le encanta perdonarle cada vez que le pida perdón. Sabiéndose así amado, se amará a sí mismo y, libre de problemas personales, se podrá dedicar de lleno a amar a los demás.

En efecto, la paz interior no es el único fruto de la humilde autoestima de quien se sabe hijo de Dios. Una buena relación con uno mismo tiene también una importancia decisiva de cara a la calidad del amor a los demás.

Es lógico que una actitud conflictiva hacia uno mismo dificulte el buen entendimiento con los demás, en primer lugar, porque es difícil que quien esté absorbido por sus propias preocupaciones preste atención a las de los demás. En segundo lugar, porque quien teme ser rechazado por otros se vuelve susceptible.

--¿El cristianismo puede aportar soluciones a problemas de autoestima?


--Esparza: Autoestima y cristianismo no son sólo complementarios: pienso incluso que sólo la vida cristiana puede aportar soluciones estables a los problemas de autoestima.

Quien se sabe hijo de Dios, se olvida fácilmente de sí mismo y aumenta la calidad de su amor a los demás. En cambio, quien desconoce esa dignidad, se ve impelido a cosechar éxitos que aumenten su autoestima y le hagan merecedor de la estima ajena. Pero de ese modo nunca alcanza una buena relación consigo mismo y con los demás, porque el yo está envenenado por el amor propio y jamás se satisface del todo.

Quien desconozca el amor de Dios, ante sus propias miserias, tendrá dos opciones: o bien reconocerlas y deprimirse, o bien autoengañarse, eventualmente con ayuda de psicoterapia (hay quienes acuden a un psicoterapeuta para que les convenza de que son personas fabulosas).

Pero así nunca se obtiene una paz duradera, porque la inteligencia engañada siempre protesta. Es aquí donde el cristianismo ofrece la mejor alternativa. El conocimiento de estas realidades sería la mejor propaganda para la vida cristiana.

--¿Por qué se ha dejado de lado en la vida cristiana esta actitud de amarse a uno mismo?


--Esparza: Quizá por falta de matices. Hay cristianos a quienes les resulta extraño que se hable de amor a uno mismo porque piensan que se trata de algún tipo de egoísmo. Se sorprenderían si comprendiesen que es lo contrario: que el amor a uno mismo y el amor propio son inversamente proporcionales.

No se trata sólo de amarnos a nosotros mismos a causa de nuestras cualidades, sino sobre todo a causa de lo mucho que Dios nos ama.

Si aceptamos el Amor que Dios nos brinda, recibimos la mayor dignidad imaginable: la dignidad de hijos de Dios. Ahora bien, ese recto amor a uno mismo resulta ser el modo más eficaz de combatir el egoísmo del yo.

Si repasamos la literatura cristiana, descubrimos que el recto amor a uno mismo siempre ha estado presente.

El primer mandamiento siempre ha sido amar al prójimo como a uno mismo. Ya autores antiguos, como Santo Tomás de Aquino, y otros más recientes, como Pieper o Lewis, distinguen entre dos tipos de actitud hacia uno mismo.

Es algo que ha calado en la mentalidad del pueblo cristiano (piénsese en el refrán: «la caridad bien ordenada empieza por uno mismo»). Lo que quizá no se ha puesto suficientemente de relieve es la relación existente entre filiación divina y humildad, y entre esa sana autoestima y la calidad de nuestros amores.

Si me decidí a escribir un libro al respecto, fue porque no encontraba ningún otro que recomendar.

Reconozco que el término «autoestima» no es el más apropiado para un libro de espiritualidad.

Al provenir del ámbito de la psicología, esa palabra podría sugerir erróneamente que la humildad consiste en perseguir a toda costa un sentimiento positivo sobre uno mismo (la humildad no es un mero estado de ánimo; es más bien la conciencia de una dignidad que conduce al espontáneo olvido de uno mismo).

He escogido el término «autoestima» por su indudable resonancia positiva. Esta temática es universal, pero con mi libro intento ayudar especialmente a personas con cierta tendencia al agobio perfeccionista.

Si a una de esas personas le diera un libro titulado «La humildad del cristiano», es muy probable que no lo lea y que piense: «Intento ser mejor y lo paso mal cuando fallo, y para colmo ese autor me va a decir que es por falta de humildad». Sería mucho más animante decirle: «Se ve que desconoces tu dignidad y, como cristiano, tienes más razones que nadie para amarte a ti mismo aún teniendo muchos defectos».

Hay otra razón por la que empleo el término autoestima: al ser de uso común, permite divulgar el mensaje cristiano de cara al hombre de la calle. Además, la temática de la autoestima está de moda y hablar de ella en cristiano permite corregir ciertos enfoques erróneos.

Se insiste con razón en la importancia de cultivar una actitud positiva hacia uno mismo, pero no conviene hacerlo a costa de la verdad sobre uno mismo. El autoengaño no libera.

--¿Qué quiere decir con la frase: «la humildad es la virtud que nos ayuda a conocer nuestra miseria y nuestra grandeza»?


--Esparza: Esa frase, que aprendí de san Josemaría Escrivá, resume bien todo lo dicho anteriormente. La humildad es la verdad, y la verdad es que todos tenemos miserias y que somos inmensamente amados por Dios.

El mejor antídoto para poder asumir nuestra miseria consiste en descubrir nuestra grandeza de hijos de Dios. Puesto que nuestro yo está “hambriento” de estima, la mejor forma de que no moleste consiste en proporcionarle una “comida” capaz de satisfacerle plenamente.

En vez de pasarnos toda la vida buscando soluciones de recambio que nunca satisfacen del todo, nos conviene acudir directamente a la fuente de nuestra mayor dignidad: la maravillosa realidad de ser amados con locura por un Dios maternalmente paternal.

Rectificamos de este modo lo que se torció desde los albores de la humanidad. Sólo así, sabiéndonos tan amados, nos amamos a nosotros mismos y podemos experimentar la felicidad de amar a los demás de un modo cada vez más libre y desinteresado.

--Cita mucho al escritor inglés Lewis: ¿sus intuiciones sobre la humildad son vigentes?


--Esparza: Admiro a ese autor por su agudeza intelectual y su sentido del humor. En su libro «Mero cristianismo», hay un capítulo antológico sobre la humildad, de apenas doce páginas, que es muy profundo y siempre actual.

--¿Usted goza de buena autoestima?


--Esparza: Ahora más que nunca. En mi libro intento transmitir intuiciones que tanto me ayudaron a orientar correctamente mi vida cristiana y que, a través de mi labor pastoral, tanto ayudan a otras personas.

Eso no significa que no haya altibajos. Siempre habrá lucha por recuperar la paz interior. Se dice que la soberbia no desaparece hasta media hora después de la muerte, pero --mientras uno no se aleje del Amor de Dios-- se dispone de algo con qué compensarla una y otra vez.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Carta a quienes sufren depresión, angustia y situaciones de grave necesidad
Carta de monseñor Oscar Domingo Sarlinga, obispo de Zárate-Campana, en la celebración de la festividad de la Santísima Virgen María, septiembre de 2007
Depresión y angustia, males complejos dentro del misterio del sufrimiento

En el pasado año de 2006 tuve la ocasión de declarar a la Santísima Virgen, en su advocación de Ntra. Sra. del Pozo, o «Madonna del Pozzo», como Patrona para quienes sufren depresión y estados de angustia y situaciones de grave necesidad, en esta diócesis de Zárate-Campana. Entronizada su imagen en la parroquia de Santa Rosa de Lima, en Villa Rosa (Pilar) y en otras capillas de la diócesis (como Santa Teresita, en Manuel Alberti, y María de Nazaret, en Zárate) (1), allí han acudido miles de fieles a lo largo de este año, con el maravilloso don de la Fe, o bien pidiendo al Señor ese don, junto con las gracias que necesitan, también el don de la salud, viendo como del todo natural que el cristiano enfermo o deprimido vuelva sus ojos a la Santísima Virgen Maria, «Causa de nuestra alegría y Salud de los enfermos»(2). Nada hay de especialísimo en dicha advocación: «Casa de María» son todas las iglesias donde se encuentra Jesús Eucarístico y la presencia espiritual de la Madre. El tema sí es especial; me mueve a dirigirles ésta sobre todo la necesidad pastoral que veo de afrontar con Fe y Esperanza el panorama de angustia y depresión en que viven no pocos hermanos y hermanas nuestros.

Nos mueve la Fe, que es un magnífico don de gracia; es la Fe en Jesucristo, Hijo del Dios Vivo, a quien Su Madre, la Santísima Virgen, nos atrae a todos con singular predilección, especialmente a quienes más lo necesitan, abriéndonos caminos de alegría y paz. Es por ello que la Iglesia siempre ha tenido tan en alto la preocupación por los enfermos y sufrientes, a imitación del propio Jesús, como lo refería el Papa Benedicto XVI en una reciente visita pastoral a una clínica: “Encontrándome entre vosotros, pienso de modo espontáneo en Jesús, que durante su existencia terrena siempre mostró una particular atención a los que sufrían, curándolos y dándoles la posibilidad de volver a la vida de relación familiar y social, que la enfermedad había impedido. Pienso también en la primera comunidad cristiana, donde, (…) muchas curaciones y prodigios acompañaban la predicación de los Apóstoles. La Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Señor, manifiesta siempre una predilección especial por quienes sufren y (…) ve en el que sufre a Cristo mismo, y no cesa de prestar a los enfermos la ayuda necesaria, la ayuda técnica y el amor humano, consciente de que está llamada a manifestar el amor y la solicitud de Cristo a ellos y a quienes los atienden (…)”(3). Así también nosotros debemos tener una especial solicitud para con los enfermos y los que sufren, y en especial para con los deprimidos y angustiados; más aún, en nuestras parroquias, movimientos y asociaciones de fieles, todo ello debiera ser un aspecto más que destacado de la pastoral.

Sí sabemos que se sufre como persona, con las características físicas, psicológicas y espirituales que cada persona posee. Tiene mucho, muchísimo que ver con el sentido de la vida que cada uno tenga, como afirma Cassell(4). Así, la esencia del sufrimiento consiste en cierta desintegración del ser, incluyendo el pasado, el futuro, el sentido de la vida de alguien, sus intenciones y proyectos, sus ideas de fuerza y sus creencias. El sufrimiento se da, pues, en una cultura, que es propia del ser humano. A este respecto, un valioso Documento del Pontificio Consejo para la Cultura, llamado «Para una pastoral de la cultura», recuerda que esta última “(…) es tan connatural en el ser humano que la naturaleza de éste no posee rostro sino cuando se realiza en su cultura”(5) . Así también se realiza el rostro del sufrimiento, y por ende, de la depresión, la angustia, el sentimiento del estado de grave necesidad.

Ahora bien, la depresión y la angustia son siempre manifestaciones de sufrimiento. Pero la inversa no es igualmente cierta. Nos preguntamos, pues: ¿Qué es el sufrimiento?; ¿por qué el sufrimiento?. Y, todavía mejor, ¿para qué el sufrimiento?. ¿Existe un sentido de él?. Expongo estas preguntas (los cristianos tenemos una Respuesta, con mayúscula), pero, creo, no sería el momento de intentar dilucidar aquí cuestiones tan cruciales para el ser humano, y tampoco de establecer distinciones entre dolor y sufrimiento, y dentro de éstos, de profundizar en las causas psíquicas de la depresión y la angustia. Más que al sufrimiento en general, esta carta desea estar referida sobre todo a estas dos últimas, con una mirada pastoral.

Para introducirnos en tema, algo importante es no confundir el estado de ánimo triste, que constituye un malestar psicológico frecuente (y que conlleva el sentirse triste o deprimido) pero que no configura el padecimiento de una depresión en sí, puesto que ésta indica signos, síntomas, síndromes, un estado emocional permanente, una reacción clínica bien definida. En la depresión como estado pato-lógico se pierde la alegría y satisfacción de vivir, la capacidad de actuar y obrar, y la esperanza de recobrar el bienestar, cayendo en un sombrío ánimo. Precisamente, aquélla se acompaña de manifestaciones evaluables clínicamente en la esfera del estado de ánimo (6) del pensamiento (7), de la actividad psico-motriz (8) y de las manifestaciones somáticas (9) .

Siempre considerando el no ser especialistas, podemos también afirmar, lato sensu, que el fenómeno de la depresión es complejo y multicausal (10). En ese sentido, el Papa Juan Pablo II, quien trató en distintas ocasiones el tema de la depresión desde una perspectiva humana amplia, hacía referencia a “(…) los diferentes aspectos de la depresión en su complejidad: van desde la enfermedad profunda, más o menos duradera, hasta un estado pasajero, ligado a acontecimientos difíciles –conflictos conyugales y familiares, graves problemas laborales, estados de soledad...–, que comportan una fisura o una ruptura en las relaciones sociales, profesionales, familiares. La enfermedad es acompañada con frecuencia por una crisis existencial y espiritual, que lleva a dejar de percibir el sentido de la vida” (11). Se encuentran allí mencionados los diversos aspectos y causas de la depresión, difusos hoy como nunca, tal como se ha expresado más arriba, en la cultura moderna.

Sin entrar en especializaciones, podemos genéricamente constatar, esto sí, es que la depresión es un mal particularmente complejo y presente en nuestra época contemporánea (12), caracterizada –como ninguna otra época- por el avance de los conocimientos científicos y del dominio del hombre sobre el planeta, pero también signada por el abandono, la soledad, la incertidumbre y las mil y una posibilidades de frustración, tantas veces originadas en el sinsentido de la vida, esto es, en que la vida humana aparece para muchos desprovista de sentido, o bien en factores externos, como graves injusticias infligidas, injusta miseria, desengaños, calumnias, estafas, trágica pérdida de seres queridos, pérdida de fe y esperanza por escándalo o pereza o malevolencia de quienes debían ayudar.

En general, queridos hermanos y hermanas, hay a nuestro alrededor todo un mundo del dolor del que nos compadeceríamos mucho más, si miráramos aunque más no fuera un poco, saliendo de nuestro propio mundo –o mundillo- de auto-suficiencia y auto-miramiento, o del fárrago de nuestros propios problemas. ¡Si aunque sea siempre rezáramos un Padrenuestro por los que más sufren!. ¡O los incluyéramos siempre en las intenciones de la Santa Misa!. Puestos en el Corazón de Cristo, ya sería muchísimo, y también mucho es lo que podemos hacer, en Cristo, conforme a las exigencias de la vida cristiana, en la «eucaristía vivida» de nuestra vida diaria.

Actos del drama interior

¿Es un drama la vida?. En el ámbito de la filosofía, no pocos consideran que el grito de Friedrich Nietzche, acerca de «la muerte de Dios» plantea en realidad la trágica cuestión de «la muerte del ser humano». El declive postmoderno desde Michel Foucault a Claude Levi-Straus, desde el «sueño antropológico» del primero, que deviene en «muerte del hombre» hasta la mitológica tetralogía del segundo, con su «crepúsculo de los hombres», caracterizado por la «nada» (13).

No son éstas, pienso, consideraciones exquisitas y desprovistas de sentido. Nosotros, personas religiosas, tenemos mucho que orar y mucho que obrar por el bien; sin creernos más que nadie sino partiendo de las energías de Amor del «homo religiosus», energías que el Espíritu del Señor ha puesto para bien de los que lo aman. Frente al drama del vacío existencial, pongamos Amor, y allí donde haya odio, envidia, paranoia consentida, también. Como en la oración de San Francisco de Asís. Incluso frente al horror del campo de concentración, expresión sin par del vacío existencial al que nos referíamos, y de la ominosa Shoah, el gran neurólogo Viktor Frankl, vienés, hebreo, luego profesor de Harvard, Stanford, Pittsburgh e Dallas, fallecido a los 92 años en 1997, encontró el sentido de la vida y el sentido del Amor. En su obra, «Le dieu inconscient», nos habla del «poder de contestación del espíritu». Y parte del principio que «la exigencia fundamental del hombre –es- (…) la plenitud de sentido»(14).

He aquí un gran remedio a la tristeza y depresión. Aparece aquí el tema de la «voluntad de sentido», que abren vías de salida al ser frustrado, presa del vértigo del vacío existencial, que puede caracterizarse como pérdida de la capacidad para interesarse, ilusionarse y disfrutar de todas o casi todas las cosas y circunstancias de la vida, disminución general de la vitalidad, pérdida de la confianza en sí mismo, con sentimientos de inutilidad, inferioridad o de culpabilización excesiva, perspectiva negra del futuro, ideas de muerte e incluso de suicidio. Este vértigo en el que el ser humano puede caer se manifiesta como rampante tristeza, ideas negras, repliegue sobre sí mismo con obsesión de muerte, y caída en el vacío. Presas del miedo, tantos hermanos y hermanas nuestros ven todo con temor, hastío de vivir, voluntad abandonada. Es la náusea y la desesperación. Es el drama interior, que necesita de un profesional especializado, y también de atención pastoral.
A nivel humano en general, sin embargo, pienso que en el drama de la depresión pueden existir algunos factores de predisposición, pero aquí sí, más que nunca, no se debe generalizar, teniendo en cuenta, sobre todo, la multicausalidad a la que hemos hecho alusión más arriba.

Sin entrar ahora en estas líneas en el plano de la responsabilidad moral, creo que para nada menor puede constituir un factor a considerar como desencadenante de la depresión (más allá de todas las predisposiciones genéticas y otras causales), el excesivo perfeccionismo de la persona (¿es ésta una manifestación obsesiva?), es decir, el ansia desmesurada de obtener resultados «perfectos», que nadie pueda atacar o criticar (lo cual esto último, curiosamente, hace a la persona muy vulnerable a la frustración). El perfeccionismo podría ser confundido con el sentido genérico de la «responsabilidad», pero en realidad denota cierto sentimiento de omnipotencia y, diríamos, de «irrealismo», en el sentido de rehusar admitir las propias limitaciones. No es el caso la mayoría de las veces, pero puede ocurrir que dicho perfeccionismo hiperintencional (utilizando un lenguaje más o menos frankliano) se vea teledirigido a logros de anti-valores, como tantas veces son pregonados por algunos medios masivos de comunicación (15).

Ya más en el orden psíquico y psicológico, otro factor importante puede constituir la psico-estructura del sujeto con caracteres paranoicos o paranoides, factor que adquiere repercusión sobre el tema pues quien adolece de una tendencia paranoica es, en cierta medida, impermeable a la experiencia «fáctica» (16) teniendo, como lo tiene, afectado el sentido del discernimiento de sus propias limitaciones o responsabilidades y culpando a los demás(como normalmente su trastorno de personalidad lo lleva a hacerlo) de sus fracasos y frustraciones, los cuales serían otros tantos complots en su contra. Dicha actitud le hace ver a muchos de los que lo rodean (o a todos) como un conjunto de adversarios y enemigos conjurados. Ello le ocasiona aislamiento y rechazo, y, quizá, depresión. Reitero que no estamos tratando aquí de la falta moral (no hay que confundir esto, sin tampoco escindir).

En el mismo orden, tampoco podríamos dejar de mencionar como factores depresivos a la agobiante «soledad» (no la fecunda, sino esa soledad destructiva, que frustra, algunas veces causada por la desconfianza sistemática) y a la parálisis o atrofia de la actividad (mencionada magistralmente por Frankl como hiperintención paralizante) (17), en la cual la persona deprimida experimenta una exacerbación de su sentido de autocrítica y tiende a teñir de negativo sus posibilidades de actuación.
La actitud pastoral: desde un punto de vista psicológico, y humano, diríamos, una persona que ha caído en depresión necesita compañía y ayuda a fines de superar la soledad y aislamiento, necesita que alguien le abra camino a la luz en su vida, necesita ejercitar alguna actividad satisfactoria que le resulte exitosa, abrirse al Bien y a la Verdad, y para ello es preciso que descubra cuáles son las fisuras y grietas de su personalidad por dónde se han filtrado las aguas negras de la depresión. Para esto puede ayudar grandemente una perspectiva espiritual profunda, que redimensione enteramente los actos del drama, para transformarlos en una nueva actuación de vida.

Una recuperación desde la fuente de la dimensión espiritual

Lo primero es la aceptación de la propia realidad, la cual, en la medida en que Dios la quiso, o permitió por lo menos, llega a ser «historia sagrada» en el sentido en que ni un cabello cae de nuestra cabeza sin que el Padre celestial lo sepa. En la vida no estamos dejados «A la deriva», como dramática y genialmente lo narra el cuento de Horacio Quiroga… (lo recuerdo de la escuela primaria…) Porque para quienes tienen Fe, “(…) todo coopera al bien de los que aman a Dios” (Rm 8, 28).

Es claro que si la persona que sufre depresión es creyente, más aún, un cristiano, un católico con claro conocimiento de su fe y de la doctrina sobre Dios Providente y Misericordioso, que puede “(…) hacer de las mismas piedras hijos de Abrahám” (Mt 3, 9), hay elementos muy sólidos para superar el mundo de oscuridad y frustración y de parálisis psíquica.

Por ello, en la atención pastoral de quien padece angustia y depresión ocupa un lugar de primer plano todo lo que pueda robustecer la Fe, comprendiendo por ésta las certezas acerca de la bondad y sabiduría de Dios (en quien «vivimos, nos movemos y existimos» como reza Hch 17, 28), acerca de su presencia y su amoroso poder, acerca del destino de felicidad que Dios quiere para todos los seres humanos, al punto que nos dio a su propio Hijo (cf. Jn 3, 16). También acerca del recibimiento tierno que Dios prodiga a sus hijos descarriados (cf. Lc 15, 11-24), aun sabiendo perfectamente acerca de nuestras limitaciones, flaquezas, astucias y «agachadas» (cf. Salmo 103, 14).

La depresión y la angustia, en lo espiritual, constituyen una dura prueba. El papel de los que cuidan de la persona deprimida, y no tienen una tarea terapéutica específica (por ejemplo quienes atienden a nivel pastoral a quienes más sufren), consiste sobre todo en ayudarle a recuperar el interés por el futuro y el deseo de vivir (18). Por eso, es importante tender la mano a todos los enfermos, ayudarles a percibir el Amor y la ternura de Dios, integrarlos en una comunidad de fe y de vida donde puedan sentirse acogidos, comprendidos, sostenidos, en una palabra, dignos de amar y de ser amados. Para ellos, como para cualquier otro, contemplar a Cristo y dejarse "mirar" por él es una experiencia que los abre a la esperanza y los impulsa a abrirse a la vida en abundancia (cf. Dt 30, 19).

Algo muy importante en la búsqueda de sentido, para un creyente, es asumir el sufrimiento (y por ende la depresión y la angustia), sin quedantismo ni –ciertamente- como forma de trágico masoquismo sino como forma de «participación en la pasión y en la cruz de Cristo» y como una realidad dolorosa que nos habilita, en el decir de San Pablo, para “(…) completar lo que falta a la pasión de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia” (Col 1, 24).

Esto es causa de esperanza y de apertura de una gran ventana de luz, que da a la comprensión del destino de bienaventuranza de la persona humana, al punto que se haga prácticamente manifiesto cómo el camino hacia la vida eterna puede tener que atravesar por una prueba, casi como, en cierto sentido, un propio aniquilamiento y sentimiento de abandono, a imitación de Cristo (19). La oración (¡qué maravilloso es abrirnos a orar!), la participación fructuosa en los sacramentos de la Iglesia serán entonces de inmensa ayuda, en especial la Eucaristía, la Penitencia y la Unción de los enfermos.

Una recuperación espiritual será de invalorable ayuda para quien sufre angustia, depresión y estados de urgente necesidad, porque lo ayudará a recobrar el sentido de la justa lucha, de la esperanza y de la salida a la oscuridad de la desesperación. Entonces la gracia y la paz se podrán derramarse como una fuente de bendición, porque siempre podemos salir para ayudar a otros que sufren, y esto trae bendición, porque lo dijo Jesús: “Cuanto ustedes hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicieron” (Mt. 25,40-45).

Así es para con los enfermos, los más pobres, los que sufren, los abandonados, angustiados y deprimidos.

Conclusión

La alegría pascual refulge siempre magnífica en la Iglesia y para la humanidad, pues el gozo es el don de Dios del cual, aquélla, la Iglesia, es portadora, en tanto portadora del Evangelio. «La alegría –escribía el converso Paul Claudel, convertido por intercesión de la Virgen durante el cántico del Magníficat en la catedral de Notre Dame– es la primera y la última palabra del Evangelio»(20).

Tanto el anticuerpo como el antídoto para la enfermedad de la oscuridad del corazón es la Fe en Aquél que nos dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Entonces nuestra vida se transforma en una Eucaristía vivida, aun con sufrimiento y dolor (de los cuales, cuanto más aborrecimiento tengamos, más expuestos al sufrimiento estaremos). La alegría cristiana, en cambio, proviene de la esperanza que no defrauda, ese «ya pero todavía no» que es anticipación de la Gloria del Cielo. El Nuevo Testamento está todo penetrado de la Vida que Jesús nos transmite y comunica, y Vida en abundancia (cf Mt 25,21-23; Lc 1,14; 2,10). Nos la comunica a todos sus discípulos; por ello el Evangelio de Juan afirma que la alegría de Jesús vive en el discípulo (Cf Jn 17,13; 1 Jn 1,4; 2 Jn 12), podemos decir, es una «alegría discipular», la cual no cesa incluso coexistiendo con el sufrimiento (Cf Jn 16,20-24; 14,28). El gran Obispo y Doctor de la Iglesia, San Agustín, tiene unas estupendas meditaciones sobre la alegría del discìpulo(21), que tantas veces los cristianos tendríamos que poner más en práctica, también los pastores del Pueblo de Dios; y me incluyo el primero.

Porque esa realidad de Fe y de Esperanza en nuestra vida hace irradiar de luz a todo nuestro ser, y se transforma en fuente de bendición y alegría para los demás, alentando el espíritu y el rostro feliz de cuantos entren en contacto con nosotros, como dice el Libro de los Proverbios sobre el «corazón» (en sentido bíblico: «Lev»): “Corazón contento, cara feliz, corazón abatido, desalienta el espíritu” (Prov. 15, 13).

Pedimos al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, en su advocación de «Nuestra Señora del Pozo», que saque a nuestros hermanos caídos en el pozo de oscuridad y angustia y nos haga ver su Luz –también a través de las causas segundas de la ciencia-, un Camino de Luz, para pasar «haciendo el bien».
En la Fiesta de Nuestra Señora de la Merced, la Libertadora de los cautivos, 24 de septiembre de 2007

Mons. Oscar D. Sarlinga, obispo de Zárate-Campana

Autor: Mon. Oscar D. Sarlinga | Fuente: AICA.org
http://es.catholic.net/sexualidadybioetica/612/2144/articulo.php?id=33181