OBJETIVO:
Entender que en este proceso de duelo que vivimos la depresión es parte del mismo, para saberla enfrentar, no dejarla crecer.
Hacer conciente que estas etapas pueden tener un sentido positivo y convertirse en una señal de esperanza, en el comienzo del final del dolor.
En los temas anteriores hemos visto como es el proceso que se vive durante el duelo ante una pérdida, las distintas etapas que lo conforman y como en el momento que las vamos ubicando podemos enfrentarlas para ayudarnos a salir adelante y lograr nuestra recuperación.
Definitivamente este no es un camino fácil y muchas veces los principales obstáculos están en nosotros mismos, pero al reconocer las barreras emocionales que ponemos, que el enojo es parte de nuestra recuperación, el no llevar más culpas que no nos corresponden, nos llevan a vivir un estado de emoción agotadora, toda esta gama de sentimientos, de altas y bajas hacen que nos sintamos agotados porque nuestro nivel de energía está muy bajo, por eso no es extraño que halla una etapa dentro de ese camino de recuperación en que tendemos a la introversión y en consecuencia a aislarnos.
Regresan esos cambios imprevistos de humor, nos sentimos solos, vacíos, abandonados y estos sentimientos nos llevan a la autocompasión, por eso es importante permanecer alertas, porque si nos aferramos a esta sensación de víctimas, nos bloqueamos y esa parálisis puede seguir en nuestra vida, en este proceso que hemos llevado hasta ahora debemos concientizar estos cambios y verlos como parte de nuestro proceso de recuperación, debemos permitir que ese sentido de victimización entre y salga de nuestras mentes y nuestra vida, que es algo que debemos pasar así como atravesamos el dolor.
En esos momentos nos sentimos desorientados, lejos de la armonía, esos sentimientos nos envuelven y luego desparecen sólo para regresar de nuevo poco después, en esos momentos nuestros sentimientos son intensos e irracionales y el fundamento de nuestra desorientación yace en la noción de habernos quedado incompletos, es decir, en el fondo de nuestro pensamiento está la idea de que algo o alguien nos falta, éramos parte de ese algo que nos trascendía, aquella unión era nuestra definición, nuestra identidad y ahora ha desparecido y hemos quedado indefinidos, nos falta una parte de nosotros mismos y por eso sentimos temor, no importa cuan irracionales sean esos temores para nosotros son muy reales y esto nos provoca otra ronda de dudas
En esta etapa en que tendemos a aislarnos, evitamos nuestras amistades, no queremos ver a nadie que nos ame porque nos recuerden ese afecto perdido, tenemos una visión negativa de nosotros mismos y por eso comenzamos a retirarnos de los contactos sociales, solemos pensar que nuestros amigos se incomodan con nuestra presencia y suponemos cosas que no son, más bien nuestras amistades se pueden sentir confundidos porque por un lado los hacemos participes de lo que sentimos ante nuestra pérdida y luego ante la menor amenaza de que toquen el tema, una fibra sensible, los callamos o los excluimos y entonces evitan hablar de nuestra pérdida no por falta de interés o por incomodidad, sino para no lastimarnos y a veces ya no nosotros sabemos que nos lastima y que no.
TEMEMOS EL RECHAZO
Al rehuir de nuestras amistades estamos actuando con fundamento en el dolor emocional, el temor a ser rechazados de nuevo, a veces necesitamos estar solo, aunque la soledad también puede doler, cuando nos quedamos solos permanecemos ala expectativa de oír sonidos familiares, de recibir visitas, o que alguien nos llame por teléfono, y es ahí donde el silencio de la soledad puede derrotarnos.
Durante la etapa de aislamiento es normal sentirse cansado, con los músculos tensos, nos duele el cuerpo, nos cuesta trabajo concentrarnos, tal vez hasta pérdida de apetito , esto ocasiona que permanezcamos cansados la mayor parte del tiempo y con frecuencia cuesta trabajo dormir, pasamos muchas horas cavilando, dudando, cuestionando, tendemos a exagerar nuestros recuerdos, a veces nos resguardamos en las fantasías porque pensamos que aquellos tiempos que pensamos que eran mejores van a regresar algún día, nuestra visión se ha estrechado y ahora vemos a través de l dolor como a través de un túnel, nuestra resistencia emocional está baja y por eso nuestro cuerpo se ha vuelto particularmente vulnerable, por eso es que en estas etapas incluso podemos contagiarnos fácilmente de cualquier virus, en esta etapa tenemos momentos de claridad en que nos damos cuenta de que nos engañamos y percibimos ese muerdo ficticio que nos hemos inventado, nuestra existencia es un vaivén de emociones y así hoy nos sentimos víctimas y mañana seres muy especiales, estamos simplemente tristes y esto forma parte necesariamente de nuestro proceso de duelo, la negación de nuestra realidad le pesa a nuestro cuerpo y esto provoca en nosotros tensiones, dolor de cabeza, insomnio, etc.
En este proceso de negación tendemos a ponernos máscaras para ocultar nuestro dolor a otros e incluso a nosotros mismos, pero llevar una máscara agota nuestra energía y no contribuye a nada positivo.
La energía para vivir proviene de nuestro interior y no de cubrirnos el exterior con un antifaz.
LA DEPRESION NOS CONSUME
Durante el período de aislamiento posiblemente caigamos en un estado de depresión, este es un tiempo difícil, la depresión asusta, porque a veces suele ser como un vacío negro y sin fondo, entre los síntomas d la depresión se cuentan: el insomnio, los cambios de apetito, la debilidad, la somnolencia diurna, abundante sudor, dolor de cabeza, angustia.
La depresión proviene de la cólera revertida, es el enojo vuelto hacia adentro, es aquello que debió manifestarse hacuia afuera, pero que se quedó atorado, y esto interrumpe el proceso de duelo, desequilibra nuestro centro estabilizador, dado que es una condición médica, si se prolonga debe ser atendida profesionalmente.
La depresión bloquea los canales `por los que fluye el duelo y frustra el proceso de aliviar el enojo que sentimos, sin embargo, acompaña al duelo, aparece y desaparece, entra y sale a lo largo de todo el proceso, conviene saber que es temporal y que algún día acabará, con frecuencia la oleada depresiva nos embarga cuando por fin comprendemos cabalmente lo que hemos perdido, es intensa, aterradora y dolorosa, pero posiblemente no dure mucho, la depresión suele originarse en el temor al futuro, temor de que algo malo nos pueda pasársete temor generalmente es infundado e irracional.
SEÑALES DE PELIGRO
La depresión puede ser signo de comportamientos destructivos, puede durar demasiado, cuando aparece durante nuestra etapa de asilamiento nos puede provocar ideas de hacernos un daño personal, y será entonces el momento de pedir ayuda.
Extrañamente, la depresión también puede ser una buena señal, una señal de esperanza, acaso la depresión sea la forma más aguda del enojo, el extremo de la ira, algo así como el color blanco de la brasa que antes era roja, el último fuego, lo que arde al final, cuando la depresión ocurre después del aislamiento, posiblemente signifique que la ira está en su último ardor, el comienzo del final del dolor.
CITAS BIBLICAS:
SALMO 6 – ORACION DEL AFLIGIDO
SALMO 23 – EL SEÑOR ES MI PASTOR
ECLO. 27, 30 ; 28, 1-7 – NO GUARDES RENCOR
MATEO 6, 25-34 – PONER SU CONFIANZA EN DIOS
REFLEXIONES :
¿Sientes que en tu proceso de duelo has llegado a la etapa en que buscas aislarte?
¿Cómo sientes que puedes superar esta etapa?
¿Cómo crees que se puede ayudar a alguien que esté pasando por esta etapa?
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario